LA GUERRA DESATADA POR MILEI CONTRA LOS TRABAJADORES INCLUYEN LA ENTREGA DEL PAIS AL IMPERIALISMO NORTEAMERICANO
El nuevo poder de atracción de Javier Milei, que arrastra a sus pies a funcionarios y políticos serviles, a un importante sector de las Fuerzas Armadas y, además, a la mayoría del cuasifeudal Poder Judicial nace, en primer lugar, del respaldo que dio el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump y su equipo de funcionarios (el Tesoro, el Comando Sur, los embajadores y lobbistas del Congreso norteamericano) y de organismos financieros transnacionales (FMI, Banco Mundial, etcétera); un apoyo manifestado de forma abierta con un préstamo de miles de millones de dólares y sin tapujos para amenazar a los votantes, durante el proceso electoral de las legislativas del pasado mes de octubre.
En este escenario político lo novedoso no es la figura disruptiva de Milei, sino la ofensiva imperialista agudizada por la crisis económica capitalista y la creciente resistencia social en Estados Unidos y en las potencias de la Unión Europea. En su segundo mandato, Trump aceleró los planes para terminar con el régimen de dominación imperialista nacido en la posguerra, con el objetivo de recuperar la hegemonía mundial cuestionada por el crecimiento de China y las guerras perdidas. Redobló la pelea contra la clase obrera, en particular contra los sectores más explotados (los inmigrantes sufren la persecución y la deportación en masa de los Estados Unidos) para concentrar los gastos del estado en armamento y la industria militar, en una etapa en que, para peor, las cajas de fondos públicos están más en rojo que nunca. Se lanzó en combate abierto contra las organizaciones de la clase obrera, de sus aliados y de los pueblos oprimidos, con el fin no solo de liquidar conquistas sociales, políticas o sindicales dentro de sus fronteras, donde crece la resistencia, sino fundamentalmente para eliminar cualquier intento de rebeldía soberana al sojuzgamiento imperialista.
Javier Milei asumió con una debilidad parlamentaria histórica (pocos diputados y senadores propios), pero el DNU 70/23 fue la piedra angular de su gestión inicial, modificando cientos de leyes de un solo golpe. Al mantenerse vigente gran parte de él (salvo el capítulo laboral frenado por la justicia), demostró que puede gobernar con un Congreso en contra, porque la oposición no quiso o no pudo unificar una mayoría para rechazarlo en ambas cámaras.
Pero lo más importante es que el margen de maniobra del gobierno es cada vez más estrecho en una Argentina condicionada por la deuda con el Fondo Monetario Internacional, un organismo que se ha convertido en el gobierno en las sombras, donde el cumplimiento de las metas de déficit cero es la prioridad absoluta, y las revisiones trimestrales de este organismo actúan como una auditoría externa que suele tener un peso inmediato en los mercados y en la estabilidad política, muy superior a un rechazo parlamentario.
Milei se juega su futuro político a todo o nada; asume como suya la batalla de la oligarquía industrial, comercial, agraria, financiera e imperialista contra la clase obrera. Pretende ajustar la mayor parte de las asistencias sociales. Va contra el derecho laboral y las condiciones de vida de las masas. Tomó la decisión de recortar los ingresos de la población trabajadora al nivel de subsistencia para garantizar que los costos de la dependencia argentina del imperialismo (la deuda externa, la privatización y apropiación del patrimonio nacional y de los recursos) no perjudique las ganancias ni las rentas de un puñado de industriales, banqueros, financistas y empresarios, los más ricos de la Argentina.
El modelo de la esclavitud moderna
El modelo de Javier Milei es la Argentina de principios de siglo XX. Ese país “rico” de 1900, era por un lado un importante exportador de granos y carne, donde los terratenientes y oligarquía agraria construían sus palacetes a gusto francés y paseaban por Europa; por otro, existía la realidad de la pobreza aun trabajando de sol a sol, la vida en conventillos o en “ranchos” donde el hacinamiento era el común denominador para una amplia mayoría de trabajadores. Por pedido del entonces del presidente Julio A. Roca, el médico, jurista y académico Juan Bialet Massé relevó las condiciones laborales y de vida de la clase obrera. El informe –realizado en 1904 luego de recorrer el país de punta a punta–, titulado “El Estado de las Clases Obreras Argentinas”, descubrió el país oculto por la oligarquía de la época: la vida y régimen de superexplotación de la clase obrera, una pintura de la realidad laboral que no excluyó a las mujeres ni el trabajo infantil.
En las cumbres del Famatina he visto al peón cargado con 60 y más kilogramos deslizarse por las galerías de las minas, corriendo riesgos de todo género, en una atmósfera de la mitad de la presión normal; he visto en la ciudad de la Rioja al obrero, ganando sólo 80 centavos, metido en la zanja estrecha de una cañería de aguas corrientes, aguantando en sus espaldas un calor de 57º, a las dos de la tarde…
… las formas de explotación laboral, conventillos insalubres, obrajes con rasgos semifeudales, trabajo infantil, mujeres sometidas a jornadas extenuantes… Las jornadas eran interminables, los salarios apenas alcanzaban para subsistir … el trabajo de la mujer “bestia de carga de la familia”, que como planchadoras y lavanderas trabajaban de sol a sol por un salario miserable, muchas veces sin comer lo suficiente para sostener a sus hijos… Los niños trabajaban como adultos. Muchos obreros cobraban con vales que solo podían usar en los almacenes del patrón. Los indígenas eran tratados como fuerza de trabajo descartable. En provincias como Tucumán, Salta y Jujuy… en los obrajes y en la zafra azucarera se trabajaba entre catorce y dieciséis horas diarias. Los salarios eran bajos, los pagos se retrasaban y el endeudamiento forzaba a los obreros a no poder abandonar su trabajo…
La reforma laboral de Milei
Con los avances de la ciencia, la tecnología y los cambios que estos conllevan en la estructura productiva, agraria, estatal y laboral, los eruditos leguleyos, que hablan infinidad de horas y escriben infinidad de análisis en los medios de comunicación, justifican estas contrareformas en el régimen laboral por los “tiempos que cambian y las leyes que no se actualizan o adaptan a lo nuevo”, y encubren a los verdaderos artífices, los estudios de abogados de las grandes corporaciones y el verdadero objetivo: la superexplotación laboral.En una sociedad supuestamente “avanzada”, las reformas deberían significar mejoras en las condiciones de vida (todo lo que las aleja de la edad de piedra, de la esclavitud o del feudalismo), lo cual implica que deberían facilitar el acceso de mayor cantidad de personas a servicios médicos, educativos, a la vivienda y a las infraestructuras esenciales brindadas por la urbanización. Reformas para que niños y adultos mayores cuenten con atención integral garantizada, sin convertirse en cargas para la familia, y en particular para las mujeres que reciben toda la responsabilidad de los cuidados.
Pero para la patronal empresaria y los dueños del capital, las mejoras en los niveles de vida solo le corresponden a “las personas de bien” (en palabras de Milei), a quienes puedan costearse esas mejoras y también los lujos; o sea, a un pequeño porcentaje de la sociedad, el más rico. Desde su lugar, la reforma laboral tiene un contenido opuesto e irreconciliable con el interés del trabajador: a la patronal le interesa reducir la inversión de capital en la mano de obra, y achicar la inversión estatal en los servicios públicos y sociales. Los dueños del capital buscan el lucro y la renta con los servicios, la infraestructura y los dineros públicos.

En definitiva, la patronal necesita que las condiciones de explotación de la mano de obra se acerque más al trabajo esclavo de 1904 y mucho menos a los derechos conquistados de la etapa peronista. No es casualidad que quien más acercó al trabajador a reconquistar esos derechos, Cristina Kirchner, hoy cumpla una condena de por vida para ejercer la función pública y sufra prisión domiciliara, por ahora, en una condena por 6 años.
En la Argentina, la etapa de formación de sindicatos industriales venía desde la década del 30, pero con Perón, además de las políticas sociales la sindicalización avanzó a mucha velocidad. Fundamentalmente el respeto a la clase trabajadora y sus conquistas básicas fue impuesto por la organización de base, que echó raíces profundas en la historia del movimiento obrero; esas organizaciones fueron las comisiones internas y los cuerpos de delegados de fábrica donde se discutían minuto a minuto los problemas específicos con la patronal. En la empresa, la clase obrera le disputaba el poder a los patrones.
De esa realidad, de fuerza de la sindicalización industrial que abarcó todo los rincones de la Argentina y todas las industrias, donde se ejercía la democracia obrera en la base (comisiones internas, cuerpos de delegados hasta la CGT que agrupaba a poderosas asociaciones obreras), fue creciendo otra, la de pérdida de la democracia obrera, la de dirigentes “atornillados” al sillón, la de los negocios sindicales (que no es lo mismo que la capacidad de negociación) y a la par, creció el mercado del trabajo informal.
El trabajo informal encierra múltiples formas en una escala que va de la esclavitud o sea trabajo en condiciones inhumanas sin alternativa de escapar (desde la explotación sexual, y la trata de personas hasta los talleres clandestinos), a formas de trabajo forzoso (en el campo, taller textil, trabajo doméstico, etc.) y de trabajo a destajo (industria textil, cosechas, servicios, construcción, trabajo a domicilio) y abarca también al trabajo infantil. La informalidad laboral que ya se impuso en la Argentina, no nació de un repollo, sino de la aplicación sistemática de políticas de “flexibilización” laborales impuestas con distintos gobiernos en estrecha colaboración de las direcciones sindicales.
El trabajo en blanco y sindicalizado fue paulatinamente reemplazado por las condiciones laborales del trabajador “informal”, y en forma paralela crecieron el uso de instrumentos legales, los juicios laborales. Hoy la patronal se queja de los juicios laborales, que según ellos llevan a la quiebra de las pequeñas empresas, pero fue la patronal quien impulsó el crecimiento de la llamada “industria del juicio”, al privilegiar la contratación en negro de trabajadores para eludir las cargas sociales y el pago de impuestos, además de imponer salarios y horarios de trabajo a su antojo.
Los sindicatos negociaron con las patronales, a espaldas de los trabajadores, cambios en los convenios, y en algunas industrias lo hicieron en cada empresa, facilitando de ese modo la división de la fábrica y la atomización, estableciendo la coexistencia de diferentes condiciones laborales y hasta de gremios en cada establecimiento. A la par, con los negocios de las obras sociales y la actividad financiera acumularon dinero y poder (muchos sindicatos invirtieron capital para participar del negocio de la jubilación privada de los 90) lo cual los hizo más dependientes del Estado y del capital y menos útiles como herramienta de lucha, y cada vez más divorciados de los intereses de sus afiliados.
El fantasma de un nuevo 2001
No se llegó hasta aquí de la noche a la mañana, las nuevas generaciones apenas conocen la estabilidad laboral y confunden precariedad laboral con “emprendimiento”. Sin ir muy lejos en el tiempo, en el 2001, el índice de desocupación fue uno de los factores de la gran crisis y estallido económico, político y social del país, el movimiento social de los piqueteros creció en la década de los 90, bajo el gobierno peronista de Menem, al compás de los cierres y privatizaciones de empresas del estado y de los despidos de petroleros, ferroviarios, telefónicos, metalúrgicos, mineros, estatales, etcétera. La Argentina de 2001 ya expresaba el país donde la marginalidad se hacía crónica, y crecía la población excedente. La Argentina que expulsa más de lo que contrata.En las históricas jornadas de diciembre de 2001, en particular en la del 20 de diciembre, en los alrededores de la Plaza de Mayo, quienes enfrentaron con éxito a la policía, fueron los grupos de jóvenes con sus motos, los “motoqueros”, la versión de la época, de los actuales “rapi”, o sea, jóvenes sin acceso al mercado laboral formal. Su tarea diaria consistía en repartir mensajería, paquetes, correspondencia, etcétera, dirigidos desde una central fija receptora de los pedidos (los inicios de las plataformas de delivery como PedidosYa y Rapi). Las jornadas de trabajo de estos jóvenes consistían en movilizarse con sus motos con habilidad para sortear los constantes embotellamientos del microcentro porteño para cumplir con tiempos de entrega estrictos. Ese entrenamiento y valentía fue de gran utilidad en la lucha callejera contra la represión policial de esas jornadas, y por esa razón se ganaron el reconocimiento popular.
La propaganda de todos los partidos políticos, peronismo y kirchnerismo incluidos, coincide en un punto: no debe haber un nuevo 2001. Nunca más se puede repetir una movilización espontánea de diferentes sectores sociales, desde los que perdían sus ahorros “acorralados” hasta los jóvenes y trabajadores que se enfrentaron y derrotaron en las calles y en los barrios populares al estado de sitio decretado por De la Rúa y a los comandos policiales que mataron a casi 50 argentinos, y obligaron al presidente a escaparse en helicóptero de la Casa Rosada. Porque eso fue una crisis casi terminal de todas las instituciones del régimen político: de sus partidos y de la CGT, que fueron los grandes ausentes en ese combate. Por eso hubo cinco presidentes en una semana, los primeros cuatro echados por la movilización, también por eso un Congreso en pánico votó la moratoria unilateral de la deuda externa, y también por eso el quinto, Duhalde renunció a presentarse a elecciones cuando la policía mató a Kosteki y Santillán.
La forma de evitar otro 2001 puede ser a los tiros, como proponen Patricia Bullrich y Milei, o con el discurso baboso de “nosotros somos el amor; ellos son el odio”, cantado a coro por la Iglesia y el peronismo y sus estrategias de conciliación de clases.
Pero el odio al enemigo es imprescindible para luchar contra él. Y ese odio está cada vez más presente en los trabajadores despedidos que, aunque la denuncian, no justifican los despidos por la política del gobierno sino que denuncian a la clase enemiga, los patrones. Esa bronca de clase todavía no avanza hacia acciones contundentes, como fueron en el pasado las tomas de fábrica con rehenes de la patronal y sus funcionarios, y barricadas para defenderse de la repesión. Pero es inevitable que tarde o temprano pase por encima de la prédica envenenada eclesiática-peronista sobre la “justicia social” que se puede lograr “dentro de la ley y el orden”.
¿Por qué “baja de la desocupación”?
Según el INDEC la desocupación está bajando. La trampa está en que esa estadística sólo cuenta a los que declaran que no tienen trabajo y están buscando uno, no a los que declaran, por ejemplo, que cada tanto hacen alguna changa. Es otra manera de esconder qué es lo que está pasando: un aumento gigantesco de la explotación de las familias de los trabajadores y el pueblo pobre. Donde antes sólo trabajaba el “hombre (o la mujer) de la casa”, ahora trabajan los dos y, además, tienen dos y hasta tres trabajos; por ejemplo, el asalariado + uber, las changas del marido + la elaboración de empanadas o tortas o cuidar ancianos de la mujer + salir a cartonear con los hijos + etcétera. Es una de las formas de esclavitud, la esclavitud forzosa, es decir, la impuesta por la fuerza económica. Ninguno de ellos o ellas se vería obligado a soportar semejante vida miserable si se cumpliera el Artículo 14 bis de la Constitución Nacional, que dice:El trabajo en sus diversas formas gozará de la protección de las leyes, las que asegurarán al trabajador: condiciones dignas y equitativas de labor; jornada limitada; descanso y vacaciones pagados; retribución justa…
La CGT apareció, y puso sobre la mesa la convocatoria a la Huelga General
La CGT a último momento llamó a la movilización contra la ley, algunos gremios llamaron a la huelga de 24 horas y movilización, quedó pendiente la convocatoria a una huelga general, los sindicatos obreros llenaron la Plaza de Mayo y las plazas en las principales ciudades del país para manifestar su oposición a esta ley y al plan de bajos salarios, cierre de empresas y precios altos de la comida y servicios del gobierno libertario. El gobierno se equivocó, la clase trabajadora aunque no confíe en las direcciones sindicales sabe donde está el enemigo, y que estas leyes antiobreras salen de los despachos de la patronal. El movimiento obrero en la calle logró por ahora aplazar el tratamiento de esta reforma en el Congreso, hasta mediados de febrero.Hasta esta elección de medio término, a Milei le bastó con una motosierra de juguete en su escritorio para aplicar el ajuste del FMI, de la clase empresaria-financiera-agraria y del capital bancario nacional y extranjero, y para reprimir todos los miércoles a los jubilados, quitarles beneficios, desfinanciar el PAMI, pagarles a sus funcionarios dinero extra para que recortaran pensiones y reducir así los fondos públicos de la agencia de discapacidad, apoyar en todo momento a su ministra de Recursos Humanos que no repartió los alimentos a los comedores, recortó presupuestos de todas las áreas de asistencia con excepción de los más necesitados, desfinanció la salud pública y las agencias de control, liquidó casi todos los planes de ayuda y cooperativas de trabajo, etcétera.
Pero el terreno donde Milei aplica su motosierra no está libre de obstáculos. Por eso se ve obligado a desplegar su “campaña cultural”. Para defender las banderas de la economía rentística-financiera-parasitaria y la esclavitud moderna, Milei y su banda de facinerosos necesita convencer a un sector de la población de la supuesta virtuosidad de los especuladores y usureros, a los jóvenes de invertir en criptomonedas y en las apuestas digitales para ganar plata fácil; que los proxenetas, los narcos, los empleadores de trabajo infantil cumplen una función plausible no delictiva o que no debería castigarse el matrimonio forzado ni la violación por el marido contra la mujer casada. Todas las formas execrables de esclavitud.
En la campaña ideológica contra la clase obrera, los jubilados, los movimientos sociales, el personal del Garrahan, las Madres, Abuelas, Hijos, Organismos de Derechos Humanos, el comunismo, los kukas, las mujeres, la diversidad sexual, la cultura, la educación y la ciencia, está concentrada la lucha del gobierno mileista contra los sectores sociales que pelearán encarnecidamente contra cualquier régimen de esclavitud y las formas modernas de servidumbre.
La historia y tradición de luchas, y de férrea organización del movimiento obrero en la Argentina, junto a sus conquistas sociales, formarán una barrera infranqueable para una motosierra de juguete como la de Milei y contra la pretendida violencia institucional que quieren instaurar los nostálgicos de la dictadura.
Las agresiones de Estados Unidos en el Caribe contra Venezuela y América latina
En medio de las agresiones sin precedentes de Estados Unidos contra Venezuela, el presidente estadounidense, Donald Trump, declaró que planea atacar por tierra no solo al país bolivariano, sino a cualquier lugar de donde “las drogas estén llegando”.En una reciente entrevista previa a Navidad, explicó que sus planes abarcarán lanzar ataques terrestres en América Latina, y sobre si se trata solo de Venezuela o también de “otros países” de la región, respondió que en: “Cualquier lugar de donde estén llegando drogas. Cualquier lugar. No solo Venezuela”.
Esta escalada ya tiene un saldo de más de 100 muertos, de ataques contra pequeñas naves en el Caribe y en el Pacífico, supuestamente de narcotraficantes, pero igual a Trump poco le importan las muertes y avanza en acciones militares de gran envergadura sobre la región.
Después de la “mala fama” mundial de Israel, el supuesto “único estado democrático de Medio Oriente” por el genocidio en Gaza, apoyado por Trump y las demás potencias impertialistas, las banderas de la “democracia” y el “humanitarismo” que el imperialismo yanqui utilizó durante décadas para llevar a cabo sus guerras, invasiones y matanzas ya no eran útiles. Así que Trump inventó una nueva bandera la lucha “contra el narco-terrorismo”. Y con eso trata de justificar las agresiones contra supuestos narcotraficantes, la presión militar contra al régimen venezolano, las sanciones y bloqueos, y además, en estos días, la persecución e incautación de tres buques petroleros. La defensa de Venezuela y su soberanía exige la más amplia solidaridad de cualquier demócrata del mundo, y especialmente del “patio trasero” del imperialismo yanqui: América latina y el Caribe.
Milei ha declarado recientemente en la reunión del Mercosur, que apoya la presión ejercida por Trump sobre el régimen venezolano; como bufón del reino, no pierde oportunidad de entregarse a los deseos de su amo estadounidense.
La situación regional y nacional coloca a los trabajadores en la necesidad de exigir a la dirección sindical, fundamentalmente a la CGT y al arco político opositor que impulse y/o respalde el plan de lucha y la huelga general contra las reformas previstas por Milei y en defensa de la soberanía nacional y de los pueblos del Caribe y de América latina.



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