El ABC para una comprensión clasista del sistema mundial de explotación capitalista imperialista

Análisis político de Perspectiva Marxista Internacional

1. El sistema capitalista imperialista es mundial y determina la realidad de todos los países, desde un estado fallido como Haití hasta grandes potencias viejas, como Estados Unidos, o emergentes, como China. Este marco es imprescindible para analizar la realidad y responder con políticas revolucionarias en cualquier país.

Este sistema mundial está en decadencia porque frena el desarrollo de las fuerzas productivas, trabadas por los marcos de la propiedad privada y los límites del estado nacional. El capitalismo imperialista solo pretende dividir y redividir el dominio mundial. Las guerras imperialistas de “carácter totalmente reaccionario” se convirtieron en guerras contrarrevolucionarias, coloniales y de exterminio; expresan el parasitismo, el estancamiento, el rentismo y la decadencia del capitalismo financiero concentrado. Las guerras y la preparación para ellas, es decir, el creciente armamentismo, forman parte de la barbarie con la que convive la humanidad.

2. El imperialismo se fortaleció con la restauración capitalista en la tercera parte de la humanidad en los años 90; en China con la proletarización en masa; en la unión de las dos Alemanias que se hizo bajo leyes capitalistas; la Unión Soviética dejó de existir, nacieron repúblicas independientes, creció el número de fronteras y de un pequeño número de “propietarios” de los medios de producción, que hicieron fortuna apropiándose del patrimonio público (a eso se lo llama “privatización”). Todo el proceso sirvió para redoblar la ofensiva contra la clase obrera. En vez de un camino hacia una Federación Socialista de Repúblicas Euroasiáticas, hacia la eliminación de fronteras y aduanas, hacia la instauración de la propiedad colectiva de las fuerzas productivas (en un proceso revolucionario donde tomaran el poder organizaciones de masas como lo fue en su momento Solidaridad polaca), hacia una sociedad no dividida por clases sociales, el camino fue a la inversa, a mayor sometimiento y explotación esclavista de la clase obrera y opresión de los pueblos. La burocracia del Kremlin, desde Gorbachov, pasando por Yeltsin hasta Putin, dirigieron el retroceso hacia el capitalismo en base a la penetración del capital financiero imperialista y a la explotación capitalista de la mano de obra. Lo cual dio inmediatamente nacimiento a una oligarquía rentista y al crecimiento de los ingresos a la economía nacional procedentes de los dividendos, los intereses, las emisiones o bonos de deuda, las comisiones, la especulación, el mercado negro, las rentas por la venta de armas, de petróleo y de gas, la privatización de los servicios; en síntesis, liquidaron gran parte de la base industrial y fomentaron la base de la economía parasitaria del sistema imperialista mundial.

3. El proceso de restauración capitalista fortaleció el dominio de la oligarquía financiera en el mercado mundial, y anticipaba el crecimiento de los nacionalismos, el proteccionismo, el armamentismo y las guerras, a la vez del reforzamiento de las tendencias colonialistas y los regímenes nazifascistas. Fue un proceso regresivo, contrarrevolucionario, que empujó a la humanidad a sufrir las penurias de la guerra. El Papa Francisco planteó que los conflictos alrededor del mundo pueden suponer ya una Tercera Guerra Mundial, combatida fragmentadamente, y la Iglesia Católica tiene siglos de propaganda hecha en base a diagnósticos acertados sobre el contexto social y político, al servicio de su histórica defensa del capitalismo y de la clase burguesa, endulzada con la promesa mentirosa de que los trabajadores y los pueblos hundidos en la miseria pueden vivir mejor sin recurrir a los métodos de la lucha de clases sino a la armonía entre explotadores y explotados, o sea, a la imposible conciliación de clases.

4. El crecimiento del capital financiero en el mercado mundial no impidió el crecimiento de la producción industrial en el otro polo. Por esa razón, esta etapa de fortalecimiento imperialista está expresada también y sin lugar a dudas en el desarrollo de fuerzas productivas, en el colosal crecimiento industrial y urbanístico de China.

La restauración capitalista en China estuvo determinada por una creciente interdependencia con los países capitalistas avanzados, fundamentalmente con Estados Unidos, y por una nueva combinación de distintos factores nacionales. La industrialización/urbanización absorbió una gran masa rural para su proletarización, lo que se combinó con la continuidad de un régimen centralizado con planificación económica estatal (los planes quinquenales), con la continuidad en el poder del Partido Comunista Chino integrando a la clase propietaria y más rica, con la apertura para la deslocalización de la producción desde las potencias occidentales hacia China, y para la concentración de inversiones financieras y productivas, planes de infraestructura de avanzada, etcétera. Así fue como en la actualidad China es el mayor fabricante del planeta, con una producción manufacturera que supera el 30% del total mundial. Esto incidió en un rápido crecimiento de las economías de alta escala como la India y Brasil, con el consecuente avance científico y tecnológico en todo el mundo (hacia 2024 la producción de equipos de alta tecnología constituía más de la mitad de la producción industrial total).

5. A pesar de las significativas diferencias entre las economías financierizadas de los viejos imperialismos y la economía productiva de China, ambas están subordinadas a las mismas leyes fundamentales del capitalismo imperialista. El fortalecimiento de la economía mundial no amortiguó la desigualdad existente entre las economías nacionales y la relación de dominación entre las potencias o naciones más avanzadas sobre las más atrasadas, las nacionalidades oprimidas, los países semicoloniales, los protectorados. Menos todavía la creciente desigualdad social al interior de los países. Por el contrario, agudizó las consecuencias sociales de la crisis del régimen capitalista imperialista, cuya máxima expresión fue el estallido financiero de 2008 en el centro imperialista mundial (Estados Unidos y Unión Europea) pero sufridas por el conjunto del planeta, incluidas las repúblicas de la ex Unión Soviética[1]. Esta última crisis fue contenida mediante rescates masivos de billones de dólares de dineros públicos. De igual forma, aunque los más importantes bancos y las mayores empresas fueron salvados, la recesión en Estados Unidos significó la pérdida de billones de dólares, el equivalente a la actividad económica de un año entero, sufrida fundamentalmente por las familias trabajadoras. A pesar del rescate, la profundidad de la crisis potenció el aumento de la miseria y del hambre en Estados Unidos y en países de la Unión Europea, la reducción de la masa salarial, el aumento de la explotación esclavista de los trabajadores inmigrantes a la vez de la opresión de las razas consideradas inferiores o de las minorías en el conjunto de los países centrales y el resto del mundo.

6. Que las economías de los países sean interdependientes no significa que haya desaparecido la competencia, sino todo lo contrario. Entre Estados Unidos y China hay, por ejemplo, una dura competencia en todos los terrenos: financiero (créditos, préstamos, swaps), productivo (manufacturas, minería), comercial (aranceles, subsidios), tecnológico, logístico (flotas, puertos, ferrocarriles, trenes), recursos naturales de todo tipo (petróleo, gas, minerales, “tierras raras” esenciales para las comunicaciones y la industria de guerra, control de Internet, etcétera). Estas relaciones de interdependencia no son, por lo tanto, de armonía, sino de conflicto.


7. Tomada en su conjunto, en esta fase del sistema capitalista-imperialista mundial avanza cada vez más la barbarie: aumento de métodos de guerra civil contra las clases oprimidas y explotadas, guerras fraticidas entre naciones y etnias alentadas por una u otra potencia imperialista, privatización de aparatos militares y cárceles, a la vez que el crecimiento y la concentración del capital financiero fortalece la corrupción, las mafias, el tráfico ilegal de personas, mercaderías, monedas, armas, drogas, etcétera. Se multiplican los llamados “paraísos fiscales” para la clase burguesa y, en el otro extremo, los campos de refugiados y las rutas migratorias mortales. Gaza es la tragedia más reciente y visible de esta barbarie creciente.

En el segundo mandato de Donald Trump, Estados Unidos adopta las características de un régimen nazifascista, no solo como forma de dominación de los pueblos semicoloniales sino al interior del país: desde el Acta Patriótica y la creación de la NSA (Agencia de Seguridad Nacional con plenos poderes para, por ejemplo, mandar a la cárcel a cualquiera sin intervención de un juez) hasta hoy, la ofensiva contra las masas, la represión de las protestas, el asesinato de George Floyd (un símbolo de la persecución racial), los casos de persecución a Assange y Snowden (contra la libertad de prensa, un punto de inflexión para la supuesta red “democrática” de Internet) consolidan los elementos de un régimen autoritario, que Trump potenció.

La completa libertad de acción que dio el presidente yanqui al ICE (un banda de mercenarios armados) y a la Patrulla Fronteriza (CBP) para la cacería y expulsión de inmigrantes supuestamente ilegales, que fusilaron a un hombre y una mujer en plena calle y a la vista de todos en la ciudad de Minneápolis, fueron justificadas y defendidas por los más altos funcionarios de gobierno.

La respuesta no se hizo esperar, la acción de las masas respaldadas por las autoridades del estado y de la ciudad y las iglesias, sumadas al repudio generalizado y creciente en todo el país obligaron a un retroceso táctico de Trump y de sus bandas de mercenarios. A su vez, en Oriente Medio, Trump apoyó con armas y dinero el aniquilamiento del pueblo palestino por el Ejército israelí, y como “plan de paz” propuso instalar en la Franja de Gaza un proyecto urbanístico-inmobiliario-turístico planificado para construir sobre la sangre recientemente derramada de miles de niños, mujeres, mutilados y torturados. Trump no solo validó la limpieza étnica de la población de Gaza con ese proyecto, también lo festejó al haber encontrado la forma de recuperar la inversión de Estados Unidos en armas y préstamos para la guerra de exterminio. Un acuerdo de paz que intenta avalar la apropiación sistemática, desde la fundación del estado sionista en 1948, del territorio que perteneció a los palestinos. Aunque es un proceso con final abierto, hasta ahora el plan colonial se parece bastante al de Hitler para los pueblos eslavos.

8. La pobreza crece en los suburbios urbanos de las semicolonias pero también en el Reino Unido, el imperio que mantuvo el dominio del mundo por 200 años, cuna de las revoluciones industriales, convertido hoy en una economía más financiera y rentista y de venta de armas que productiva, expresión de la descomposición, del parasitismo oligárquico-rentístico dominante.

La Fundación de Joseph Rowntree escribió:

En 2023/2024, 6,8 millones de personas –casi la mitad de las que vivían en la pobreza– se encontraban en una situación de pobreza extrema, con unos ingresos muy por debajo del umbral de pobreza estándar, lo que significa que sus ingresos eran, como mucho, dos tercios del umbral de pobreza. Se trata tanto del número absoluto más alto de personas como de la proporción más alta registrada desde 1994/1995.

Según el estudio, dentro de este grupo se encuentran personas con discapacidad, miembros de determinados grupos étnicos minoritarios, familias numerosas y arrendatarios. Además, la cantidad de personas que tienen dificultades para acceder a alimentos suficientemente nutritivos y variados aumentó un 60 % entre 2021/2022 y 2022/2024, lo que equivale a 2,8 millones de personas en dos años. El 3% de la población (1,9 millones de personas) vivió en la pobreza extrema entre 2019/2020 y 2022/2023.

9. La vigencia del sistema capitalista mundial no solo impone regímenes nazifascistas para sembrar el terror ante las masas que resisten, sino que exacerba la conflictividad entre potencias imperialistas por el reparto del mundo. En este sentido se acelera, se hace más acuciante para los países desarrollados (viejas y nuevas potencias) transformar al mundo en colonias suyas, para acaparar mercados y fuentes de materias primas. Cuanto más se estrechan las relaciones económicas (período de globalización, Unión Monetaria europea, mercados regionales), surgen profundas diferencias que los separan. Comienza a predominar la ley del más fuerte, no solo por el poder de fuego o militar, sino por la riqueza y disponibilidad de capital financiero. Cualquier país puede quedar como presa para ser engullida o exterminada, y así crecen los pueblos sin tierra y las nacionalidades oprimidas o sometidas.

10. Solo el servilismo y la hipocresía de los dirigentes que se autodefinen demócratas, humanistas y pacifistas, pueden sostener las infamias de la “paz”, la vigencia de la “democracia”’ y la capacidad de “reformas” dirigidas a una prosperidad futura bajo las leyes del sistema capitalista de explotación.

Una superestructura política de tal o cual tipo no puede cambiar los reaccionarios fundamentos económicos del imperialismo. Por el contrario, es el fundamento el que subordina a la superestructura.

En nuestros días […] es tonto pensar siquiera en una burguesía progresiva, en un movimiento burgués progresivo. Toda la “democracia” burguesa […] se ha vuelto reaccionaria. Esta caracterización de la “democracia” imperialista constituye la piedra fundamental de la concepción leninista.

León Trotsky



[1]. “…la Unión Soviética salía prácticamente indemne de la crisis del 29 que asoló a Estados Unidos y otras potencias occidentales, y lograba crecimientos y avances muy notables, que se mantuvieron en los años cuarenta y cincuenta, pasando por la victoria bélica contra Alemania. ” Rafael Poch-de-Feliu, La actualidad de China…, Crítica, Barcelona, 2009.

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