La lucha docente «conflicto testigo»

El conflicto docente es el más importante de la clase trabajadora en el país en lo que va del año: una pelea de dimensión nacional, que se ha extendido por cerca de tres meses y que dejó de ser exclusivamente gremial, para convertirse en un conflicto abiertamente político. Macri y Vidal lo ubicaron desde su origen como el «conflicto testigo» de su ofensiva contra los trabajadores. El alto grado de cumplimiento, la voluntad de lucha mostrada por los docentes, el respaldo popular que ha alcanzado y las disputas electorales que se entretejen a su alrededor, lo han convertido en una lucha de trascendencia en el escenario político actual.

El gobierno ha atacado a los docentes de forma miserable y gorila. Puso a sus trolls a convocar voluntarios para sustituir a los huelguistas, largó decretos para premiar a quienes no adhirieran al paro y para descontar a los que sí lo hicieran, atacó a los gremios con la pérdida de su personería. Amenazo a Baradel y su familia. Se han negando a convocar la paritaria nacional que está establecida por ley e incumplen los fallos judiciales que le exigen hacerlo; han ofrecido, en el caso de la provincia de Buenos Aires, aumentos salariales ridículos que no compensan la pérdida por inflación del año anterior y mantienen los salarios básicos por debajo de la línea de pobreza. En varias ocasiones han utilizado abiertamente la represión policial para confrontar e intimidar y han dado un trato denigrante a los docentes con propuestas en las que se pretende imponer el presentismo como criterio salarial y la prohibición del derecho a huelga. Macri y Vidal han querido con todo ello asestarle una derrota contundente a los maestros, para desde allí avanzar sobre otros conflictos y sectores de trabajadores. Eso explica la mano dura.

Lo que queda claro es que apuntan a la destrucción del Estatuto Docente y de la educación pública, que pretenden implantar modelos educativos similares a los que el Banco Mundial ha impuesto en países como Chile y Colombia, en los que educarse sale una fortuna y los docentes tienen salarios de hambre que vienen atados a las peores condiciones laborales.

Sin embargo, a pesar de sus intenciones y de todo lo hecho, no han podido derrotar a los docentes, el conflicto sigue abierto y ha estado impulsado en varios momentos por los propios errores del gobierno de ladrones de guante blanco.

La actual coyuntura política ha constituido un contexto favorable para el desarrollo del conflicto. Por ejemplo, su ámbito de lucha más importante ha estado en la provincia de Buenos Aires; en ella Vidal tiene cifras muy altas de pobreza e indigencia y Macri un rechazo que rondan el 60%, lo que –sumado a la importancia del voto docente para Cambiemos–, los deja con poco margen de maniobra para cerrar con una paritaria por decreto.

La intransigencia del gobierno niega la posibilidad de cerrar el conflicto por la vía de una negociación y ha llevado a la conducción sindical, hasta ahora, a comportarse como una dirección que no abandona la pelea. Ante un gobierno que no le da salida, que la ataca y la menosprecia, con la mira puesta en las elecciones –tanto las internas al sindicato como en las nacionales de octubre–, con paritarias docentes que ya han cerrado por encima del 20% y, fundamentalmente, con la bronca demostrada por los docentes, los sectores políticos que están detrás de la dirección gremial no se han animado a cerrar el conflicto.

Cuando las conducciones gremiales percibieron cierto nivel de agotamiento en algunos sectores de base jugaron sus cartas a la Escuela Itinerante. Levantaron las jornadas de paro y movilización y así abrieron un período de inactividad de las bases. La Escuela Itinerante le sirvió a la dirección sindical para posicionarse mejor, ha contado con cierto nivel de apoyo popular y constituye una línea que deja abierta la convocatoria al paro. Sin embargo, es una política mediática. La dirección la puede estirar y aprovechar para desgastar al gobierno, pero eso no basta para derrotarlo.

Para que la lucha docente triunfe tiene que volver a ganar la calle. Se tendría que retomar la lucha directa de las bases, pero antes hay prepararla y organizarla. Es necesario construir las condiciones para salir de nuevo al paro y la movilización.

La Multicolor podría ser una dirección alternativa a Baradel, pero no lo es

Muchas de las críticas que hacen los compañeros agrupados en las listas de oposición Multicolor del SUTEBA a la burocracia nos parecen correctas. No obstante, opinamos que la Multicolor tampoco ha logrado construir una línea que conduzca al triunfo docente y por ello no ha podido consolidarse como una dirección alternativa ante la que hasta ahora mayoritariamente se mantiene como dirección del gremio: la Celeste.

En gran parte del conflicto la línea de la Multicolor ha consistido en la exigencia de la huelga por tiempo indefinido, el llamado a asambleas abiertas en las plazas públicas y la denuncia de la conducción del SUTEBA.

¿Por qué creemos que esa no es una línea para el triunfo del conflicto? Nos hacemos esta pregunta para hacer una crítica y un llamado fraternal a la Multicolor. Los compañeros de las listas Multicolor han exigido la huelga por tiempo indefinido, independientemente de las circunstancias concretas del conflicto, sin importar mucho si éste avanza o pasa por algún período de reflujo, si esa política expresa el sentir de las bases o cede a la presión de los compañeros más activistas, de vanguardia. En parte, ese sentir de las bases no se refleja, porque su llamado a las asambleas en plazas públicas se distancia del escenario docente esencial: las escuelas. Con la asamblea en plaza pública se escucha la voz de los sectores más decididos en lucha, pero se deja de lado a la gran mayoría que no concurre a esas asambleas y, peor aún, a los estudiantes y las familias que pueden ser un pilar esencial para el triunfo. Y lo más grave es que la Multicolor hasta ahora parece priorizar la campaña electoral en el SUTEBA, por encima de tener una política para ganar la pelea.

La Multicolor carga tanto las tintas contra la conducción que puede confundir a los compañeros de base: el principal enemigo de los docentes es el gobierno, no la dirección sindical que hasta ahora lo enfrenta. Incluso, si los compañeros quieren golpear a la conducción y ganar el SUTEBA, la tarea inicial es derrotar al gobierno. Un triunfo de la lucha docente sólo puede ser alcanzado con un amplio proceso de movilización por abajo. Tal victoria no debilitaría a la Multicolor, por el contrario, con toda la comunidad educativa movilizada y triunfante se podría golpear de forma más contundente a las direcciones burocráticas.

La línea aplicada por la Multicolor puede tener un efecto contrario a sus intereses, puede agudizar el distanciamiento de las bases con la dirección gremial y con el sindicato mismo. Los docentes de base, tanto los sindicalizados como los que no lo están, esperan contar con una dirección que los lleve al triunfo; si el conflicto es derrotado las bases no depositarán su confianza en ninguna dirección.

¿Cuál es la mejor política para ganar el conflicto?

Para nosotros una política para el triunfo del conflicto pasa por la unidad de acción para pelear contra un enemigo común: Macri. En primer lugar unidad por abajo, que logre romper en los hechos la división que existe por la cantidad de gremios existentes; más aún, una unidad que logre articular a docentes agremiados y no agremiados. Opinamos que para alcanzar ese objetivo se deberían realizar asambleas por escuela en las que participen los padres y los estudiantes.

Los puntos centrales que levantaron los docentes al comienzo del conflicto fueron la paritaria nacional docente y el 35% de aumento en provincia de Buenos Aires. En las asambleas por escuela se debería discutir y definir cuáles son los puntos sin los cuales a esta altura no se puede levantar el conflicto ¿Cuáles son los puntos que hoy significarían para los docentes un triunfo en la lucha? Y es también en ellas donde se deben sentar las bases de cualquier plan de lucha.

Existe mucha bronca contra el gobierno. Luego de la represión a los docentes frente al Congreso se dieron tomas de colegios y expresiones de apoyo de estudiantes y padres. Se tendría que incentivar también esa otra unidad buscando mecanismos para que el apoyo social al conflicto crezca. Existe una coyuntura que lo hace posible.

Por ello consideramos que en esas asambleas deberían participar los estudiantes y sus familias. Para la mayoría de ellos es difícil ir a la plaza central de su localidad, pero sí se pueden incorporar a la lucha en torno a asambleas que se desarrollen en las escuelas de sus barrios.

El plan de lucha puede ser luego discutido en asambleas de delegados con mandato, pero con un mandato que provenga de las asambleas por escuela, con lo cual estaría articulado directamente a la base docente y respaldado socialmente por padres de familia y estudiantes.

En esas asambleas se debería hacer énfasis en la defensa de la educación pública como una conquista de la clase trabajadora que ahora el gobierno nos quiere arrebatar. Es necesario explicar cómo la reducción del presupuesto en provincias como Buenos Aires va en esa dirección, pues genera crisis edilicia, de recursos –como los que van a los comedores– y de materiales para el trabajo con los pibes.

Pero esa unidad de acción también implica la necesidad de unidad entre los distintos sectores de la dirección sindical. Esta unidad es exclusivamente para enfrentar y derrotar al gobierno, sería una unidad limitada, restringida pero indispensable. Los compañeros de la Multicolor no tendrían por qué renunciar a su diferenciación con la dirección de la Celeste, pero sí deberían avanzar en reconocer que en el conflicto es necesaria la unidad para poder triunfar.

Con ese objetivo la Multicolor tendría que haber exigido a la Celeste que se posterguen las elecciones hasta ganar el conflicto; que se adopte una conducta unitaria y se suspendan las campañas electorales, pues en los hechos éstas terminan trabajando contra la unidad de los docentes; que los recursos y las energías que se desperdician en esas campañas se pongan al servicio de la lucha. Una exigencia de tal carácter habría ubicado claramente ante las bases quiénes están por el triunfo del conflicto y quienes responden a intereses más limitados. La Multicolor puede y debe aprovechar las contradicciones a las que la conducción se enfrenta en el conflicto y tener una política hacia ella, es decir, una política para demostrar que serían una dirección mejor del sindicato.

Como el ataque a los docentes hace parte de una política general del gobierno contra la clase obrera, la respuesta de nuestra clase también debería ser unificada. Es necesario exigirle a la CTA un plan de lucha conjunto de todos los sectores estatales en lucha: empleados públicos, médicos de la provincia de Buenos Aires, docentes universitarios, judiciales, etc.

La lucha docente puede servir para articular una respuesta unificada de los trabajadores. Que el Frente Gremial Docente le exija a la CGT que, en lugar de dejar a cada gremio a su suerte peleando en las paritarias, lo que nos debilita de conjunto, llame a un plan de lucha por una única paritaria nacional, por un salario mínimo igual a la canasta familiar, contra la flexibilidad laboral, y que incluya las demandas de los tercerizados, de los jubilados y de los trabajadores que sobreviven en la informalidad.

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