En defensa de Venezuela. Contra la agresión imperialista: ¡Unidad antiimperialista de los pueblos latinoamericanos!
La
situación general de Venezuela empeoró. La crisis del país que creó
expectativas hace décadas por su rumbo político y económico al servicio de las
ingentes necesidades de educación, salud, vivienda y alimentación de la mayoría
de su población, va en aumento. La ofensiva del imperialismo, que alimenta a la
oposición al gobierno de Maduro y encuentra apoyo en ésta, se vio fortalecida
por sus avances políticos en la región.
En
primer lugar, los acuerdos de paz en Colombia, han sumado respaldo social al
gobierno reaccionario y proimperialistas de Santos, que mantiene en su
territorio bases militares norteamericanas y un ejército enorme, no sólo para
derrotar militarmente a la guerrilla o combatir el narcotráfico, sino para
actuar en función de las necesidades intervencionistas del amo del norte.
En
segundo lugar, el triunfo electoral de un sector oligárquico y conservador en
la Argentina, que termino con doce años de Kirchnerismo. Y por último, la
destitución del gobierno del PT en Brasil. Estas tres patas son los más
importantes puntos de apoyo sobre las que se asienta esta campaña para
avasallar la soberanía de Venezuela, una descarada intervención en nombre de la
"defensa de la democracia", glorificada y amplificada por los medios
masivos contra Maduro y su gobierno.
El
gobierno venezolano acosado por la oposición política, tras un mes de marchas y
decenas de muertos que exigen su salida del poder mediante elecciones
generales, respondió el último 1° de Mayo a la embestida proimperialista con la
convocatoria a una Asamblea Constituyente popular integrada por 500
constituyentes, que serán elegidos por los sectores populares y obreros, y no
por los partidos políticos, aunque no queda claro todavía el mecanismo de
elección.
Desde
la bancada opositora de la actual Asamblea Nacional o Parlamento venezolano
lanzaron la denuncia de "Golpe de Estado" por el autoritarismo de
Maduro oponiéndose a dicha convocatoria. Los sectores más conservadores de la
burguesía antichavistas denuncian a Maduro por querer concentrar poder. Los
gobiernos más serviles de la región (Chile, Brasil Y Argentina) junto a las
potencias imperialistas refrendan esa denuncia, Luis Almagro secretario general
de la OEA acusó a Maduro de promover un "golpe de Estado" con el
llamado a Constituyente.
Desde
la revista Perspectiva Marxista Internacionalista en su número dedicado a
Venezuela, ya se plantearon los problemas que enfrentaba el actual gobierno, no
solo por el acoso creciente imperialista y de la burguesía venezolana, sino
también por el creciente descontento de sectores populares por los problemas de
la economía: la inflación, la pérdida de poder adquisitivo de los salarios y la
falta de alimentos e insumos básicos. Allí se señaló que la encrucijada de
Venezuela se podía resolver si se avanzaba hacía una revolución auténticamente
socialista; es decir que expropiara a los monopolios imperialistas, a los
bancos y financieras y a los sectores concentrados del comercio y la industria.
El problema de fondo de ese país, es que, aunque Chávez proclamo que estaba
haciendo una revolución para imponer el "socialismo del siglo XXI",
siguió vigente el sistema capitalista, El movimiento Castro-chavista defendió
un proyecto de "economía mixta" que significó mantener la propiedad
privada de los medios de producción y de cambio.
La
gran burguesía nacional y los monopolios imperialistas mantienen en sus manos
la propiedad y el control de los resortes fundamentales de la economía, y
mientras esto pase, serán ellos, los explotadores, quienes tendrán la última
palabra en el terreno económico y político.
¿Por qué siendo Venezuela un país capitalista el
imperialismo acosa al régimen chavista?
Durante
su gobierno Chávez fue consolidando un gobierno de colaboración de clases, a la
vez que la dinámica de la situación lo obligo a tomar medidas tanto internas
como regionales e internacionales de enfrentamiento cada vez mayor con el
imperialismo, como la estatización de la petrolera PDVSA, sin embargo esas
medidas no traspasaron los límites capitalistas.
La
respuesta de los yanquis fue auspiciar en 2002 un golpe de Estado contra
Chávez, rápidamente derrotado. La reacción de Chávez fue profundizar su
enfrentamiento con el imperio del Norte. Durante su mandato se fortaleció la
Alianza de los presidentes latinoamericanos que se opusieron al ALCA (el
tratado de libre comercio que impulsaba Estados Unidos).
Los
gobiernos que frenaron la política comercial yanqui para el Cono Sur y el
Caribe, tuvieron relativo éxito en sus políticas defensivas contra el pulpo
imperialista porque la coyuntura económica de precios altos del crudo y de los
commodities fortaleció a estos países productores, entre ellos a Venezuela. Y
también porque China acordaba ayuda
financiera y firmaba tratados comerciales con la mayoría de los países
de la región, necesitada de los recursos del agro y energéticos para sostener
su crecimiento.
En la
actualidad el mercado mundial capitalista vuelve a colocar las fichas en los
casilleros que corresponde. Los países semicoloniales son quienes sufren graves
consecuencias, porque los países imperialistas necesitan redoblar la
explotación de los recursos primarios y financieros de la región para
amortiguar los efectos de la profunda crisis capitalista de 2008 que hasta
ahora ninguna potencia central logró revertir. Pero las consecuencias no son
sólo económicas, sino también políticas; la contraofensiva imperialista y de
sus agentes nacionales ya logró cercenar la relativa independencia ganada en
dos países claves de la región: Argentina donde la candidatura de Macri recibió
un fuerte impulso político y financiero y logró derrotar en elecciones al
Kirchnerismo, y Brasil con el proceso de "impeachment" para destituir
al gobierno de Dilma. Estas victorias contra el Kirchnerismo y el PT, que
mostraban fuertes signos de desgaste y que habían intentado políticas más
independientes, junto al hecho de la muerte de Fidel Castro y los acuerdos de
paz entre Santos y las FARC en Colombia, aislaron más a Venezuela y
fortalecieron a la oposición antichavista.
Maduro contraataca con la convocatoria a una asamblea
constituyente
Con
el cinismo que los caracteriza, los dirigentes políticos de la burguesía
apuestan al derrocamiento de Maduro, bajo las banderas de la "defensa de
la democracia", a la manera de un "golpe blando" , como hicieron
en Brasil o en Paraguay, y mejor si pudieran destituirlo como en Argentina, con
elecciones generales.
Cuando
la oposición antichavista impulsa la movilización y la ocupación de las calles
contra el gobierno "totalitario" de Maduro se alzan las voces de los
"cipayos" de todo el mundo que lloriquean su "preocupación"
por lo que pasa en ese país con alta inflación, escasez de alimentos y de
medicamentos y acusan al régimen de imponer una dictadura, de encarcelar a
opositores políticos sin causa y otros argumentos más que justifiquen una intervención.
En Argentina a un año y medio de haber asumido Macri y de aplicar un plan
económico que sumergió en la miseria a
millones de argentinos, que obligó a las direcciones burocráticas de las
organizaciones sindicales que llamaron a votarlo, a convocar a la huelga y a la
movilización. Sólo en el mes de marzo
cientos de miles ocuparon las calles de la capital para protestar contra el
brutal ajuste, no hubo señales de preocupación de los gobiernos de la región y
de los lacayos del imperialismo. No se escuchó a los cancilleres recomendarle a
Macri que encuentre el camino de la paz social, que libere a Milagro Sala
(dirigente social, presa hace más de un año sin causa). Tampoco criticaron a su
gobierno por acusar a los movilizados de golpistas y "distituyentes".
Ningún funcionario levantó la voz por qué en un país capaz de alimentar a 400
millones de personas creció la desnutrición infantil y los precios de los
alimentos se dispararon de tal manera
que los asalariados deben
destinar la mayor parte de sus ingresos en comida. Ante crisis sociales de gran
magnitud lloran porque en Venezuela el pueblo sufre, pero en Argentina parece
que no sufre nadie.
La
respuesta del presidente Maduro a esta última ofensiva que movilizó a ciento de miles de venezolanos en su
contra, fue la convocatoria a una Constituyente Soberana. El llamado se parece
más a una convocatoria a los simpatizantes y funcionarios chavistas para
respaldar al gobierno que a una herramienta que sirva para encarar las medidas
urgentes que se necesitan para paliar la difícil situación de los trabajadores
y el pueblo pobre venezolano.
En
Venezuela se dirimen políticas burguesas. Cada vez más el movimiento chavista
se separa de las necesidades del movimiento de masas. La oposición política
desde Capriles hasta López se fortalece con el apoyo y financiamiento
imperialista y el chavismo con las ganancias que ofrece un Estado que vive de
la producción del crudo y se apoya en unas Fuerzas Armadas que también
participan del negocio.
Ahora
todo parece indicar que es la oposición la que le está ganando al gobierno la
pelea por las calles y a este sólo le
queda como recurso la represión. Pero sin el apoyo de una movilización
revolucionaria de masas el gobierno de Maduro terminara derrocado por los
sectores oligárquicos que buscan volver a someter al país a los dictados del
imperialismo.
Qué
pasará con el Ejército es la gran duda. Hasta ahora es la principal base de
sustentación del régimen, pero jamás hay que confiar en el ejército de un país
capitalista, por más formación "bolivariana" que haya tenido. El
ejército chileno no tenía tradición golpista, el presidente Allende designó
como comandante en jefe al general "democrático" Pinochet y todos
sabemos cómo terminó la historia.: con un golpe de Estado, el asesinato de
Allende, y una dictadura feroz que aplastó
a la clase obrera por largos y sangrientos años. Con esto no queremos
decir que el destino de Venezuela sea
este, sólo queremos prevenir en no depositar ninguna confianza en el "brazo armado" del Estado burgués.
Volviendo
a la convocatoria del gobierno de Maduro
a una Asamblea Constituyente debemos agregar que no fue convocada con una
declaración de objetivos. ¿Cambiar la Constitución de 1999? ¿Para qué?
Debería
llamarse para otorgar poder de decisión a los trabajadores y al pueblo pobre.
Tendría que servir para enfrentar a la contrarrevolución, que se proponga la
nacionalización de la banca, el control obrero de la industria, la abolición de
la gran propiedad de la tierra y su entrega a los campesinos, la expropiación
de los monopolios imperialistas, el monopolio del comercio exterior y el no
pago de la deuda externa, qué hacer con el ejército permanente y con la
constitución de milicias entre otras medidas.
Este
debería ser el programa de cualquier organización que se considere obrera,
socialista y revolucionaria. Pero el centro actual es la ofensiva imperialista
en Venezuela. Esta ofensiva no comienza con Trump, es una "política de
Estado" del imperialismo yanqui.
La
izquierda de todo el mundo se dividió desde el principio entre partidarios y
enemigos del Chavismo. Los primeros sostenían que en Venezuela estaba en curso
una autentica revolución y apoyaban sin la menor crítica a Chávez. Los segundos
tienen una política que empezaba y terminaba en luchar contra el chavismo: con
el argumento cierto de que era un gobierno burgués, que defendía el
capitalismo. Ignoraban el principio antiimperialista-revolucionario mantenido
intransigentemente por el marxismo revolucionario de defender a todo país
atrasado agredido por cualquier potencia imperialista.
Hoy
la izquierda pro-chavista, ante la evidencia de la grave crisis en la que el
régimen ha hundido a Venezuela, toma tardíamente distancia de Maduro, pero al
menos sigue oponiéndose a la ofensiva imperialista. Los antichavistas en
cambio, siguen alineándose junto al imperialismo y llamando a movilizarse para
derrotar a Maduro, una traición que quieren disimular con denuncias sobre el
carácter reaccionario de la oposición burguesa.
Quienes
seguimos defendiendo la tradición del marxismo revolucionario, sostenemos que
los trabajadores no debemos depositar la menor confianza en el régimen
chavista, más aún, alertamos que Maduro es la peor dirección posible para
enfrentar la agresión y será el principal responsable si esta triunfa. Pero
sostenemos que en primer lugar, todos los antiimperialistas y demócratas
consecuentes del mundo debemos plantarnos firmemente en la defensa de Venezuela
frente a la ofensiva imperialista.
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