¡Por la derrota del plan de Macri!


Desde que Macri llegó al poder más de un millón quinientas mil personas han sido empujadas a la pobreza y más de seiscientos mil a la indigencia. El consumo de leche se redujo en un 25% y el de pan en un 35%. ¿Cómo explicar este hecho en un país donde se producen alimentos para 500 millones de personas? La explicación es una: ¡Alguien nos está robando la leche de nuestros hijos y nos saca el pan de la mesa!

El año anterior fue fenomenal para los bancos –la mayoría tuvo ganancias muy por encima de la inflación–; también le fue bien a la agroindustria y el sector energético. Es decir, mientras la leche y el pan faltan en la canasta de los trabajadores, las patronales más ricas y poderosas se la llevan en pala. Macri quería condonarle 70.000 millones de pesos a su familia por la estafa del correo, entrega grandes negocios del Estado a sus compinches y nos dice que debemos seguir aguantando el ajuste y sacrificarnos por el futuro.

Está clarísimo:¡quienes roban la leche de nuestros hijos son Macri y la banda de rufianes de la que él y su familia son parte! Este es un gobierno de ladrones, de canallas que se llenan de guita y llenan de guita a sus amigos de la gran patronal nacional y de las transnacionales, mientras preparan el saqueo del país con la deuda externa, nos quieren imponer paritarias de hambre y condenan a la desnutrición a nuestros chicos. Lo único que les importa son sus ganancias.

El gobierno de Cambiemos ganó las elecciones hablando de pobreza cero y ahora se manda la parte de que es un modelo de «sensibilidad social» porque los movimientos sociales lo obligaron a la fuerza a hacer algo con los subsidios y muestra cínicamente una «reparación histórica» que es puro cuento para la gran mayoría de los jubilados. Si una centésima parte de su preocupación por los pobres y los jubilados fuera cierta, lo primero que debería hacer es asegurar ya mismo, por lo menos, leche gratis en las mesas de todas las familias que sobreviven con menos de 15.000 pesos y todos los medicamentos gratis a los que reciben jubilaciones por debajo de esa cifra. No lo hace porque no les importa absolutamente nada si cientos de miles de chicos caen en la desnutrición y otros tantos jubilados se irán muriendo porque no pueden comprar medicinas.

Estos temas tampoco les importan a la «oposición». Todos los partidos se dedican a la trenza electoral y ya están en campaña tirando lindas promesas. El Frente Renovador de Massa y Stolbitzer ofrecen su Plan «Bajemos los Precios». Los distintos pedazos del peronismo se unen un día y se pelean al día siguiente para ver quién se queda con la mayor tajada de los votos. Pero en esa cueva de bandidos que es el Congreso a ninguno se le ocurrió hacer algo para enfrentar ya mismo el hambre y la necesidad de medicamentos que padecen nuestras familias y los jubilados, ni otros problemas urgentes, de los trabajadores y el pueblo empobrecido. Todos nos dicen que la solución mágica es que los votemos en octubre, y hasta entonces, ¡jódanse!

Los distintos frentes de la izquierda, por su parte, también están lanzando sus campañas electorales y tienen acceso a los medios. Ambos frentes tendrían que unirse y aprovechar esta exposición mediática para proponer medidas de emergencias para los trabajadores y el pueblo empobrecido.

Día a día se incrementan los suspendidos, los despedidos, los cierres de fábricas y comercios o la declaración de que otro sector productivo entra en crisis. Esta realidad se corresponde con el gran «cambio» que vino a imponer Macri: eliminar cualquier obstáculo a la explotación, aumentar la productividad y la flexibilización laboral, destruir los convenios colectivos y las organizaciones sindicales.

Sin embargo, para poder conseguir ese cambio Macri necesita asestar una derrota aplastante a los trabajadores y no lo ha logrado. Al gobierno lo aterró el «marzo caliente». Las multitudinarias movilizaciones de rechazo a sus políticas económicas, contra su burla a las cifras de desaparecidos y su reivindicación del terrorismo de Estado o por los derechos de las mujeres, se convirtieron en enormes expresiones de bronca y rechazo que se extendieron por todo el país. La marcha gorila del 1 de abril envalentonó a Macri y lo impulsó a recordarnos el desprecio que siente hacia la clase trabajadora; pero no estuvo ni cerca de las movilizaciones anteriores y estuvo a kilómetros de distancia de la contundencia del paro general convocado por la CGT.

Con una economía en franco deterioro Macri no tiene un contexto favorable. Avanza con tropiezos, con el apoyo de los sectores monopólicos y oligárquicos de la burguesía de nuestro país, de las transnacionales, del imperialismo yanqui y europeo, y de la burocracia sindical. Pero tiene flancos vulnerables. Las internas del gobierno salen a la luz cada vez más, bien sea por los reacomodos políticos propios de un año electoral o porque sectores de la burguesía nacional empiezan a criticarlo.

A Macri lo podemos derrotar. Para ello se necesita unificar los conflictos existentes y un proceso de movilización que se haga permanente y no se detenga hasta triunfar.

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