La desUnión Europea se ha convertido en el epicentro de la pandemia» del COVID-19.

En las potencias occidentales, la incapacidad de la casta política atada a los intereses de los grandes capitales y los monopolios les impide lidiar contra la pandemia de forma efectiva.

Asistimos no solo a una tragedia sanitaria sino también a la evidencia insoslayable de que casi no existe la UE, esa «una unión sin fronteras» capitalista y bajo la dirección de la burguesía. La UE no dejó de existir por el Brexit, ni por las crisis financieras ni de la deuda ni por amenazas terroristas ni militares, el fin del «espacio Schengen» lo produjo la expansión del virus COVID-19. Europa se convirtió en el epicentro de esta pandemia y los miles de muertos son italianos, españoles o franceses.

Los gobiernos de los países de la Unión Europea, en particular de Italia y España los más afectados hasta el momento, debieron enfrentar la crisis sanitaria, social y económica desatada por la pandemia mundial sin el apoyo de los millones de euros invertidos durante décadas en el proyecto europeo y hoy no existen instituciones que le sirvan en la emergencia. Los trabajadores italianos, quienes con su sacrificio también aportaron a la integración, deberían preguntarse ¿cuántos comités de expertos sanitaristas, científicos, militares, políticos, sindicatos, funcionarios y hasta empresarios, se reunieron en Bruselas para unificar acciones y recursos contra la pandemia? Ninguno. ¿Cuántos capitales, personal de la salud, material e instrumental médico aterrizaron en Italia para acudir en ayuda de la población de Lombardía? Ninguno. En realidad, Alemania solo aprovechó la situación para promover en la UE su receta de austeridad: sus sistema de trabajos de horarios reducidos, o de pocas horas semanales, sin cobertura y con pagas miserables.

En Italia creen que este es el momento más difícil desde la Segunda Guerra Mundial, sin embargo, para salvar la crisis volvieron a cerrar las fronteras, «La crisis del coronavirus … es … europea. No se debe dejar sola a Roma», esto lo advirtió el embajador permanente de Italia en Bruselas, Maurizio Massari, el día que también anunciaba la muerte de 250 personas. Crecen a más de 300 muertes en un día.

Al compás de la tragedia, los máximos representantes de la política italiana no pierden oportunidad para el comentario lamentablemente cínico y resignado, como el del senador y ex primer ministro Mario Monti,

«Una situación extraordinaria como esta pone de relieve los límites del proceso de integración de la Unión Europea, en primer lugar los límites relacionados con la protección de la salud pública … esta situación debería hacer que en el futuro se plantee un sistema europeo de salud», pontificó el senador y ex primer ministro italiano Mario Monti.

El señor Monti, debería saber que solo «pone de relieve los límites» de la lacra política a la cual pertenece y de la clase social que representa, además de los parásitos a sueldo de Bruselas que se apoltronan en sus sillones para discutir la curvatura del pepino mientras la verdadera dirección de la UE integrada por los grandes capitales bancarios especulativos, financieros- monopolistas, de la mafia y tráfico ilegal, se acaparan billones de euros a costa de la explotación de una mano de obra que circula libremente por las fronteras europeas como única opción para escapar de la esclavitud de la desocupación y la miseria.

A Italia la apoyó China no la UE. Recibió un avión cargado de 30 toneladas de material médico y casi una decena de expertos procedente de Shanghai con respiradores mecánicos, miles de mascarillas, y otros equipos de última generación para reforzar el sistema de salud colapsado. Xi Jimping inició su campaña de ayuda sanitaria fuera de sus fronteras una vez superado el pico epidemiológico que afectó a más de 80.000 personas dentro de China. En su campaña, no deja de hacer negocios, porque después de todo, de eso se trata el capitalismo, todo el equipamiento será comprado por el Estado italiano a empresas chinas, con cobro garantizado en la futura asociación comercial (Nueva Ruta de la Seda) entre el gigante asiático y Roma. Una asociación más redituable para los italianos que la de sus vecinos europeos que le dieron la espalda en medio de la crisis y solo le exigen austeridad y menor déficit para cubrir el pago de su deuda externa.

Las banderas de la «libertad de empresa» y las fluctuaciones en la tasa de ganancia en esta etapa neoliberal del capitalismo constituyeron los motores movilizadores del espíritu de unidad europea, ningún valor altruista ni de justicia, menos todavía de igualdad o de universalidad. La burguesía y la oligarquía financiera parasitaria dirigirán la pandemia con fondos que luego les confiscarán a los países más pobres, y con equipos científicos y médicos de alto nivel, un capital humano que no han podido destruir con tanta facilidad.

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