Al servicio de la ganancia
La renta capitalista es el motor fundamental de la actividad económica. Esta renta se obtiene más eficazmente con el nivel más bajo de remuneración salarial, y con mayores beneficios fiscales y jurídicos. Que el salario cada vez sea más bajo significa que la tasa de explotación ha aumentado. Esa es la razón de la eficacia capitalista lograda a lo largo de su historia. Las diferencias entre una minoría que acumula capital de forma incesante y los de abajo, la gran mayoría de la masa laboral se ve obligada a sufrir las consecuencias —o sea, solo acumula esfuerzo y mayor cantidad de tiempo de trabajo por salarios que rinden menos—. Las diferencias entre una minoría cada vez más rica y los de abajo, se han hecho mayores con el tiempo, y no solo en Jujuy o en la Argentina, sino a nivel mundial. Es difícil explicar el conjunto de leyes que rigen el sistema de explotación capitalista-imperialista en pocas palabras, pero cuando hablamos de CAPITALISMO no se pueden obviar las desigualdades sociales que provoca, el creciente número de refugiados o migrantes forzados por las guerras, la creciente miseria o por desastres naturales, como tampoco las cada vez más frecuentes luchas de trabajadores en los países ricos por las pérdidas de sus pensiones, de los servicios de salud, por los bajos salarios o por los altos precios de la energía, sin hablar de las guerras, los países destruidos, el trabajo infantil, etc., consecuencias directas de su dominio en el mundo.
El capitalismo argentino es demostrativo de esta ley fundamental: la renta como motor económico. En el 2008, la alta rentabilidad en el campo produjo un conflicto con el Estado, la popular pelea por “la 125”. Fue una pelea por quién se quedaba con esa rentabilidad extraordinaria. Pero además demostró cómo funcionan las leyes capitalistas. La alta rentabilidad derivada de la suba excepcional de los precios internacionales de materias primas hizo crecer la producción de soja y alcanzar un récord histórico que implicó un 431% de crecimiento en la década. Fue un proceso donde se combinaron además del alza de los precios en el mercado mundial, los cambios tecnólogicos que favorecieron trabajar grandes superficies en menos tiempo, o sea, aumento de la productividad; más las necesidades del mercado chino y la llegada del capital financiero al campo. Los empresarios agropecuarios se volcaron hacia la siembra de soja transgénica, en un proceso denominado “de sojización”, que llevó a la Argentina a ocupar los primeros lugares del mundo por los niveles alcanzados de áreas sembradas, y cantidades exportadas. Un proceso que tuvo consecuencias en una desforestación desmedida, la contaminación por los herbicidas y fertilizantes, etc., y con la ampliación de estas unidades productivas en regiones como las del norte argentino, se avanzó (sin control ni regulación estatal) contra los grupos campesinos y pobladores originarios que vivían en el medio rural sin poseer títulos legales sobre la tierra. Los capitales financieros hicieron el resto,
… la aparición de capitales financieros enteramente ajenos al campo, … y en la asociación práctica con empresas de labranza, comparan la renta posible con las ganancias del plazo fijo o aún de situaciones mucho más volátiles como la bolsa de valores u otros esquemas de especulación financiera, y la concretan.
… dice pero agrega que “la muy alta rentabilidad, comparada con el mundo financiero, atrajo inversores como moscas a la miel, aumentó la renta de la tierra y luego su valor, de manera nunca vista antes en nuestra historia”.
… se abrió el camino de una suerte de cadena de la felicidad, ya que al percibir arriendos en dinero, éste puede ser luego invertido en los propios fondos de inversión, aumentando aún más la rentabilidad, sin involucrarse directamente en labor agraria alguna”, dice.
Sin embargo, advierte sobre “las consecuencias sociales de la dominancia productiva de los fondos de inversión” que trajeron despoblación rural y el empobrecimiento de los sectores de servicios de los pueblos del interior son consecuencias directas del nuevo modelo.
Del Titular del Instituto Nacional de Tecnología Industrial, Enrique Martínez, en 2008, El capital financiero, un nuevo actor de la producción granaria, publicado en el diario La Capital.
La cadena de felicidad a la que alude Martínez, no es el bienestar logrado por la extensión de áreas sembradas y sus posibilidades de liquidar la desnutrición/malnutrición en la Argentina, sino por las posibilidades para un puñado pequeño de capitalistas de invertir la renta agraria en fondos especulativos para aumentar más la rentabilidad, sin “labor agraria alguna”. Esa es la llamada “eficacia capitalista”.

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