LAS GRAVES INUNDACIONES EN CIUDADES DE BUENOS AIRES, SE SUMAN A LA CRISIS SOCIAL DE LA ARGENTINA DE JAVIER MILEI
Al parecer, no solo las “Fuerzas del Cielo” del gobierno de Javier Milei provocan sufrimiento a las masas populares, sino que nuevamente las fuerzas de la naturaleza se ensañan con los que menos tienen. Las Fuerzas del Cielo llamada también “Guardia Pretoriana”, es la organización de militantes tuiteros, retórica anticomunista, escraches, liturgia mística y símbolos nazis que acompaña y defiende el gobierno mileista. Representan a los militantes incondicionales del plan de motosierra y licuadora que retiró al Estado de la responsabilidad de la obra pública y de brindar los servicios esenciales para la supervivencia de la población trabajadora.
En el mes de marzo, un fenómeno de lluvias intensas se produjo en la ciudad Bahía Blanca, con 350.000 habitantes, ubicada en el límite sur de la provincia de Buenos Aires y que cuenta con un importante complejo portuario con salida al océano Atlántico. Uno de los más importantes del país para las exportaciones de cereales, productos químicos y petroquímicos. Ocho horas de lluvia ininterrumpida dejaron a la ciudad bajo el agua, las calles se convirtieron en ríos, 16 muertos, más de 1000 evacuados, incluidos los pacientes y personal del Hospital José Penna, con incontables pérdidas materiales, y viviendas que sucumbieron porque fueron prácticamente arrastradas por la fuerza del agua.
En esta última oportunidad, les tocó a los barrios periféricos de las ciudades de Campana y Zárate, en el extremo norte de la provincia de Buenos Aires, declarada zona de catástrofe, con barrios enteros bajo el agua, miles de evacuados e importantes pérdidas materiales.
¿Pero la razón de estos eventos son las terribles tormentas?
¿Nunca antes en la historia de la humanidad cayó tanta lluvia junta?
Tal vez las explicaciones de los hechos son más terrenales.
Algunas de ellas son:
Falta de inversión de infraestructura tanto por aquellos que dicen "defender" el Estado, cómo los que lo definen como la causa de todos los males que sufre el país.
Falta de planes, regulación y legislación que permitieron a los mercenarios inmobiliarios hacer negocios con terrenos y humedales que necesitaban protección.
Falta de controles ambientales, donde la desforestación, la pérdida de biodiversidad, la erosión del suelo, la contaminación del agua y la reducción de la diversidad de cultivos son problemas que un Estado debería atender para cuidar el ambiente y el hábitat.
Y por último, la situación cada vez más angustiante de miles de familias trabajadoras que deben elegir entre alquileres cada vez más caros en los centros urbanos, o construir en loteos baratos en una periferia donde falta de todo, porque desde el Estado no se facilita el acceso a una vivienda digna.
La falta de inversión en obra pública, es el resultado directo de destinar cada vez más fondos para garantizar el pago de los intereses de la deuda externa, mientras se facilita la fuga de capitales de inversores financieros extranjeros y locales.
La falta de planificación urbana y vial, de estudios de los suelos y de las cuencas hídricas es para facilitar las rentas del capital privado tanto de los grandes propietarios de tierras, como de los fondos de inversión financiera e inmobiliaria al estilo Nordelta.
Por último, los planes de ajuste motosierra y licuadora del gobierno de Milei están dirigidos a cargar sobre las espaldas de los trabajadores, mayor superexplotación laboral, carga fiscal y el costo creciente de servicios esenciales.
Más allá de todas las acciones solidarias que hagamos en estos momentos, para dar una mano a las familias obreras damnificadas, debemos organizarnos para frenar en principio y cambiar después el rumbo político-económico de nuestro país, el país de los trabajadores, donde aumenta la pobreza y las necesidades, mientras el país de los patrones es cada vez más rico. Debemos unirnos para ayudar, pero a la vez exigir a las direcciones sindicales y políticas que se dicen nacionales y populares un giro de 180º que ponga en el centro las necesidades de las masas asalariadas, fuerzas fundamentales para la defensa de la soberanía.
En el mes de marzo, un fenómeno de lluvias intensas se produjo en la ciudad Bahía Blanca, con 350.000 habitantes, ubicada en el límite sur de la provincia de Buenos Aires y que cuenta con un importante complejo portuario con salida al océano Atlántico. Uno de los más importantes del país para las exportaciones de cereales, productos químicos y petroquímicos. Ocho horas de lluvia ininterrumpida dejaron a la ciudad bajo el agua, las calles se convirtieron en ríos, 16 muertos, más de 1000 evacuados, incluidos los pacientes y personal del Hospital José Penna, con incontables pérdidas materiales, y viviendas que sucumbieron porque fueron prácticamente arrastradas por la fuerza del agua.
En esta última oportunidad, les tocó a los barrios periféricos de las ciudades de Campana y Zárate, en el extremo norte de la provincia de Buenos Aires, declarada zona de catástrofe, con barrios enteros bajo el agua, miles de evacuados e importantes pérdidas materiales.
¿Pero la razón de estos eventos son las terribles tormentas?
¿Nunca antes en la historia de la humanidad cayó tanta lluvia junta?
Tal vez las explicaciones de los hechos son más terrenales.
Algunas de ellas son:
Falta de inversión de infraestructura tanto por aquellos que dicen "defender" el Estado, cómo los que lo definen como la causa de todos los males que sufre el país.
Falta de planes, regulación y legislación que permitieron a los mercenarios inmobiliarios hacer negocios con terrenos y humedales que necesitaban protección.
Falta de controles ambientales, donde la desforestación, la pérdida de biodiversidad, la erosión del suelo, la contaminación del agua y la reducción de la diversidad de cultivos son problemas que un Estado debería atender para cuidar el ambiente y el hábitat.
Y por último, la situación cada vez más angustiante de miles de familias trabajadoras que deben elegir entre alquileres cada vez más caros en los centros urbanos, o construir en loteos baratos en una periferia donde falta de todo, porque desde el Estado no se facilita el acceso a una vivienda digna.
La falta de inversión en obra pública, es el resultado directo de destinar cada vez más fondos para garantizar el pago de los intereses de la deuda externa, mientras se facilita la fuga de capitales de inversores financieros extranjeros y locales.
La falta de planificación urbana y vial, de estudios de los suelos y de las cuencas hídricas es para facilitar las rentas del capital privado tanto de los grandes propietarios de tierras, como de los fondos de inversión financiera e inmobiliaria al estilo Nordelta.
Por último, los planes de ajuste motosierra y licuadora del gobierno de Milei están dirigidos a cargar sobre las espaldas de los trabajadores, mayor superexplotación laboral, carga fiscal y el costo creciente de servicios esenciales.
Más allá de todas las acciones solidarias que hagamos en estos momentos, para dar una mano a las familias obreras damnificadas, debemos organizarnos para frenar en principio y cambiar después el rumbo político-económico de nuestro país, el país de los trabajadores, donde aumenta la pobreza y las necesidades, mientras el país de los patrones es cada vez más rico. Debemos unirnos para ayudar, pero a la vez exigir a las direcciones sindicales y políticas que se dicen nacionales y populares un giro de 180º que ponga en el centro las necesidades de las masas asalariadas, fuerzas fundamentales para la defensa de la soberanía.
¡Basta de sacrificios para que unos pocos se queden con el esfuerzo de la mayoría asalariada!
¡Es hora de que los trabajadores sean los protagonistas de su propio destino!
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