Tras dos años de la guerra de exterminio en la Franja de Gaza, una oleada mundial contra la brutalidad y la barbarie desatadas por Israel contra los palestinos, se expandió y estalló con mayor fuerza en los primeros días de octubre.
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| Flotilla Global Sumud |
Las banderas palestinas, las kufiyas y el emoji de la sandía en las redes sociales, que representan resistencia, unidad y autodeterminación palestinas, se han transformado en símbolos de las luchas de los trabajadores a nivel global.
Al grito de PALESTINA LIBRE, ISRAEL TERRORISTA, FIN DEL GENOCIDIO, multitudinarias movilizaciones cubrieron las principales capitales europeas y del mundo, como en Australia, Turquía, Marruecos, Brasil y Colombia, entre otros países. En Yemen, millones se manifestaron bajo el lema: “Rechazo a la conspiración sionista-estadounidense” y “Apoyo a Gaza hasta la victoria”, respaldando las operaciones militares del frente yemenita contra Israel.
En Italia, los médicos, los portuarios y las principales centrales obreras convocaron a la huelga general y movilización, que incluyeron bloqueos en estaciones de trenes y en puertos. Los dirigentes sindicales habían anunciado esta huelga si Israel interceptaba e impedía el arribo de las decenas de naves de la flotilla humanitaria Global Sumud a las costas de Gaza, como al final sucedió. Las acciones de los militares israelíes contra la flotilla, que se habían iniciado con el sobrevuelo de drones y el ataque a varias de las naves, culminó con la captura de los activistas, trasladados a las cárceles de Israel previo a su deportación. En España las protestas propalestinas obligaron a suspender la Vuelta a España de ciclismo, y se multiplicaron los boicots contra Israel.
En Israel, la movilización del pueblo contra su gobierno y por un alto al fuego inundaron las principales ciudades del país. La mayoría pelea por la liberación de los rehenes y por detener la ofensiva militar que implica sacrificar la vida de cientos de soldados israelíes. Pero en estos días un sector minoritario se hizo más visible al desafiar esos límites: cerca de doscientos israelíes judíos se plantaron frente a la valla fronteriza de Gaza, con el objetivo de romper el asedio y exigiendo “el fin inmediato del genocidio y la limpieza étnica llevados a cabo por Israel”, que se lleva a cabo en su nombre, y pedían a la comunidad internacional que sancione y aísle a su país para “detener el genocidio y acabar con el régimen de apartheid sionista que lleva décadas”.
La movilización está provocando un gran avance en la conciencia que trasciende a Palestina y a los pueblos árabes e islámicos y hoy se extiende por el “Occidente civilizado”, cuyos dirigentes imperialistas lograron engañar durante mucho tiempo a sus pueblos, justificando con las falsas banderas de la democracia y del humanitarismo por qué financiaban y ejecutaban golpes de estado, intervenciones militares, bombardeos, invasiones y ocupaciones en infinidad de países en todo el planeta, y en la misma línea impulsaron la ocupación ilegal de Palestina para la creación del Estado de Israel.
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| Movilización en Australia |
Las acciones de las masas contra el genocidio cambiaron el escenario para el gobierno de Netanyahu y su socio el presidente Trump
Al bombardeo, la destrucción y la agudización de la crueldad contra los habitantes de la Franja de Gaza, privados de alimentos y de cualquier medio de subsistencia, se sumó desde hace tres semanas el inicio de una ofensiva terrestre para tomar la ciudad de Gaza, la más grande de la Franja, que obligó a la evacuación a más de un millón de palestinos; una ofensiva militar que obtuvo el firme respaldo de los Estados Unidos mientras las potencias europeas, asediadas por las movilizaciones en sus propios países, instaban sin éxito a detenerla, al advertir sobre la crisis humanitaria en el territorio, donde la ONU ya había determinado que un millón de personas se enfrentaban a la hambruna.
La furia popular contra el exterminio de palestinos en Gaza, contra la inhumana y brutal acción militar israelí, no deja impunes a los gobiernos europeos que pasaron de levantar el derecho a la defensa de Israel, al silencio cómplice y a la inacción. Las manifestaciones multitudinarias denuncian la pasividad, el cinismo, el relato mentiroso y las conductas cómplices de sus gobernantes ante las atrocidades de esta última llamada “guerra”.
El proceso histórico de la creación de Israel se inicia con Europa y Estados Unidos apadrinando la creación de un estado judío en Oriente Medio, mucho antes del Holocausto, precisamente por el antisemitismo que reinaba entre las clases altas y nobles. Este proyecto colonial se diferenció del clásico: “el asentamiento de colonos buscó sustituir por completo la sociedad nativa por la sociedad del colonizador, por eso fuerza al éxodo o a la aniquilación”. En 1948 con la limpieza étnica el nombre de Palestina había desaparecido del mapa y la mayor parte de esas tierras pasaron a constituir el Estado de Israel.
En estos días y obligados por la acción de las masas los gobiernos europeos pretenden diferenciarse con un reconocimiento tardío e ineficaz del Estado Palestino, cuando ya Gaza ha quedado reducida a escombros, donde los palestinos sobrevivientes conviven con el hambre, la enfermedad, la muerte, los restos explosivos de guerra y la contaminación producto del bombardeo constante sufrido en estos dos últimos años. La ONU por fin catalogó de “genocidio” las acciones del gobierno de Benjamin Netanyahu en la Franja, pero le faltó decir que el genocidio es simplemente un método para cumplir con un objetivo: la limpieza étnica, o sea, expulsar a los palestinos para quedarse con sus tierras.
El escenario de la última Asamblea General de la ONU fue elegido por las potencias imperialistas, para el reconocimiento oficial (del Estado palestino) después de décadas de limitarse a reconocer solo a Israel. En realidad, no todas: hubo nueve votos en contra, entre ellos, Estados Unidos, Israel y la Argentina de Milei.
En ese mismo escenario, las palabras de Netanyahu fueron escuchadas solo por un reducido número de asistentes; la mayoría de las delegaciones se retiraron de la sala y repudiaron su presencia. Ya pesaba sobre Netanyahu una orden de arresto emitida por la Corte Penal Internacional, tras sucesivas demandas de Sudáfrica que intentó detener, sin resultado, la operación militar.
El primer ministro de España, Pedro Sánchez, fue más contundente en sus definiciones, instando a cortar lazos comerciales y embargar los envíos de armas, y prohibió la entrada al país a ministros israelíes. El presidente colombiano, Petro denunció ante la Asamblea de la ONU que “lo que sucede en Gaza es un genocidio y los que lo cometen deben ser juzgados como fueron juzgados los genocidas nazis en Núremberg”, y en la protesta propalestina en Nueva York se dirigió a los militares estadounidenses: “Desobedezcan las órdenes de Trump y obedezcan las órdenes de la humanidad”, lo que provocó una crisis diplomática con Estados Unidos. Previamente Sudáfrica se había pronunciado en el mismo sentido.
La Comisión Europea, por su parte, presentó un plan de sanciones contra Israel, reclamando que termine la guerra. Bélgica y Noruega habían anticipado acciones similares.
Un plan de paz para acallar las voces contra Israel
No habrá paz hasta que no se derrote el régimen colonial. No hay plan de paz posible para la región y en particular para los palestinos que no imponga sobre la mesa de negociación la raíz del problema originado en 1948: la creación del Estado de Israel.
El plan del sionismo, del Estado judío, se ha ido adaptando al contexto histórico con el fin de justificar la ocupación basada en la usurpación de tierras y propiedades, la expulsión, el apartheid y el aniquilamiento de la población palestina. Políticas implementadas bajo la necesidad de tapar el sol con la mano: un proceso colonial en pleno siglo XX. Al día de hoy, en Estados Unidos, principal financista y soporte militar del estado enclave, los fundamentalistas cristianos, antes antisemitas pero que hace tiempo en el grupo proisraelí más importante, sostienen “la anexión y judaización por parte de Israel de la Cisjordania ocupada”.
Avanzó la colonización, junto a generaciones de palestinos que crecieron en campamentos de refugiados desde Gaza y Cisjordania hasta los de Jordania, Líbano o Siria, quienes forjaron su vida en la lucha y la heroica resistencia. Desde 2023, desde el ataque de Hamas el 7 de octubre, se aceleró la ofensiva militar israelí, con una masacre diaria de civiles en Gaza, viralizada por las redes, que ya dejó un número indeterminado de muertes (se calcula más de setenta mil palestinos), mayoría mujeres y niños, sumadas a las víctimas de los ataques aéreos y con misiles de Israel, (2024-2025), al Líbano, Siria, Irán, Yemen y Doha. Esta última ofensiva de Israel en la región se suma a las guerras, masacres, tortura y encarcelamiento de miles de jóvenes árabes, que escribieron con sangre la historia de un pueblo que pelea por recuperar la Palestina libre donde musulmanes, cristianos y judíos convivieron pacíficamente.
En el siglo XXI no pueden ocultarse ni la limpieza étnica ni el genocidio, las llamadas “democracias occidentales” no pudieron mantener la mirada hacia otro lado, mientras las crecientes movilizaciones dominaban la escena política en sus territorios.
Ni Trump ni Netanyahu pueden encontrar una salida a esta encrucijada impuesta por la movilización de masas, que puso en evidencia el plan colonizador del sionismo y un Estado como enclave militar de Estados Unidos.
Los palestinos esperan, por ahora, un inmediato alto al fuego y la entrada de la ayuda humanitaria, los israelíes se esperanzan con la libertad de los rehenes, pero la devastación en el territorio de la Franja es total. En esta jugada de un plan de paz presentado por Trump y varios países musulmanes y árabes, al que Netanyahu no pudo oponerse y Hamas aceptó a medias, según The New York Times, en primer lugar hay mensaje para el gobierno israelí:
“…que debían abandonar sus aspiraciones de expulsar a los palestinos de Gaza para siempre, permitir la colonización israelí y anexar el enclave costero. Ahora se les dice en la práctica que Hamas no desaparecerá y que tal vez ni siquiera acepte desarmarse.”
En el mismo artículo, se cita la opinión de Shira Efron, analista de política israelí en la RAND Corporatión: “Si Netanyahu quiere venderlo como un logro, puede hacerlo, “el plan de Trump pondría fin a la guerra, devolvería a los rehenes, reemplazaría a Hamas por otra entidad que gobierne Gaza y sumaría a naciones árabes y musulmanas para estabilizar y reconstruir el enclave”.
La clase dominante imperialista medirá si el plan de paz de Trump ayuda a que la opinión mundial retome lo que consideran “la buena senda”, cuando tras el ataque del 7/10/2023 el Ejército israelí inició su ofensiva contra Gaza, y casi nadie alzaba la voz para oponerse.
Pero los datos señalan que el Movimiento de Liberación Nacional Palestino ganó al movimiento de masas mundial al grito de ¡Palestina libre! y en Estados Unidos logró lo impensado, que “el porcentaje de estadounidenses que se declara a favor de Palestina 35% supere al de aquellos que se decantan por Israel 34% y una clara mayoría es contraria a que Estados Unidos continúe proporcionando asistencia económica y militar a Israel”.
Por el contrario, y como anticipan los titulares de los medios más influyentes: Israel se está convirtiendo en un paria internacional.



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