EL ROSTRO CLASISTA DEL COMBATE SINDICAL

 BETO PIANELLI

"Hacer sindicalismo es juntarse con gente que tiene intereses comunes que no logran satisfacer. Si te lleva a pelear, pelearás. Si lo podés conseguir, mejor. Casi siempre hay que pelear"


El último 29 de enero, la triste noticia de la muerte de Beto Pianelli, el secretario general del gremio de la Asociación Gremial de los Trabajadores de Subte y Premetro, “metrodelegados”, recorrió en poco tiempo incontables espacios de las redes, el arco ideológico completo de los medios de prensa escrita, digital y audiovisual. Pero antes de su difusión pública, las lágrimas de sus compañeros habían empañado las formaciones, las boleterías y corrían bajo los túneles de los subterráneos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde cumplían con su labor en medio del dolor. En un día que no olvidarán, debieron asumir la responsabilidad cotidiana cuando recibieron la peor de las noticias.

La información de la muerte de Beto confirmada por el sindicato no solo conmociona a los trabajadores del subte; el conjunto de organizaciones del movimiento obrero perdió a uno de los referentes sindicales más rebelde, clasista y combativo, de quién muchos jóvenes activistas podían aprender y seguir su ejemplo.

El subsuelo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires fue el escenario donde prosperó la vida laboral y sindical de Beto a la par de su experiencia de lucha. Cuando entró a trabajar como boletero en 1994, se iniciaba la concesión en los subtes a cargo de la empresa privada, Metrovías. Con la privatización llegaron medidas de presión y disciplina empresarial, la prolongación de la jornada laboral a ocho horas a pesar de ser trabajo insalubre, la reducción salarial en algunos sectores y también los despidos. En síntesis, cambiaban las condiciones laborales, aumentaba la explotación. Además, se sumaba la negativa del gremio de UTA a pelear contra las nuevas medidas. Por eso, la bronca creciente y a la vez el temor a perder el trabajo, impulsaron la organización por abajo, independiente del sindicato; como explica Beto, había que organizarse “en forma clandestina”. En una entrevista realizada por Lucas Molinari en 2018, Beto relata el conflicto en esos años,[1] una reseña breve:
 

  El 20 de febrero de 1997 fue una fecha clave. En ese momento ganaba 435 pesos y el alquiler de la casa donde vivía salía 500. Nos conocíamos con otros dos boleteros, Virginia (Bouvet) y Manuel, con los que nos enteramos de que en la Línea E iban a parar porque habían echado a dos compañeros. Era una época en donde todos los días echaban a alguien. Los más viejos enseñaban el laburo a los nuevos y después buscaban cualquier excusa para rajarlos.

Ese 20 de febrero nos juntamos con el resto. Virginia dice que nos quedemos hasta que venga la UTA y se paró, pero esperando que vinieran desde el sindicato. Viene el jefe y nos dice que estamos todos despedidos, y ahí se armó el conflicto. Fueron parando todas las líneas hasta que dictan la conciliación obligatoria.

Si se toman en cuenta las condiciones para los trabajadores del subterráneo y el conjunto del movimiento obrero en los años 90, los años de enormes pérdidas de conquistas laborales, de privatizaciones de grandes empresas, YPF, SOMISA, ENTEL, etc., y de aumento de la desocupación, con una mayoría de direcciones sindicales conciliadoras, dirigidas por burócratas llenos de negocios y de plata, desde los que planteaban que no se podía hacer nada, hasta aquellos que firmaban con la patronal los nuevos convenios o las listas de despidos sin chistar. Todo esto conformaba un contexto que desalentaba a los trabajadores a organizarse y menos todavía a ejercer la acción directa, como las huelgas. Una etapa difícil para los nuevos “metrodelegados” que supieron cómo frenar la codicia patronal.

Esto cambia desde 2002 y los trabajadores del subterráneo mantuvieron una serie de luchas contra la empresa concesionaria del servicio y los distintos gobiernos a partir de las cuales se revirtieron las condiciones laborales: lograron las seis horas, incrementos salariales y desmontaron la política de subcontratación de la fuerza de trabajo.

El liderazgo de Beto se asentó en su experiencia conquistada en los años más difíciles para la actividad sindical, en la solidaridad y fundamentalmente en la defensa de la democracia obrera, respetando las diferencias en el cuerpo de delegados y en las asambleas de base. Construyó de esa manera la confianza y la unidad imprescindibles para enfrentar a la patronal y a la burocracia de UTA. Ganaron combatividad porque la conducción garantizó la democracia por abajo, la participación real del conjunto de la base. Y fundamentalmente porque con las medidas de fuerza consiguieron hacer retroceder a la patronal de los despidos, lograron conquistas que parecían imposibles, recuperaron salarios y calidad de vida.

Para Beto la independencia de clase ocupaba un lugar de privilegio ante cualquier decisión. En las condiciones que Beto fue creando, no se ganó solo por un método o una forma de lucha, sino que los apodados “metrodelegados” utilizaron todas las acciones que estuvieron a su alcance desde paros coordinados por líneas, paros durante algunas horas o en determinadas horas del día, aperturas de molinetes, cortes de vías, paros sorpresivos, campañas públicas para ganar la simpatía de los usuarios (trabajadores de otros gremios). En definitiva, Beto impulsó y no se detuvo ante ninguna amenaza, chantaje, soborno, violencia patronal o patoterismo sindical.

La democracia obrera la construyó día a día, escuchando a sus compañeros, con la paciencia de una explicación tras otra, con el abrazo fraternal y la solidaridad, no solo en el día de la asamblea. A la vez de pelear por aumentar la participación de la base con un mayor número de delegados.

Así como Beto luchó por la organización sindical bajo el subsuelo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en su superficie impulsó la solidaridad con todas las luchas. Después de 2001, con las fábricas recuperadas y las nuevas cooperativas de trabajadores, con los nuevos sindicatos, con los organismos de derechos humanos, con los movimientos sociales, con Nora Cortiñas, con Hebe Bonafini y con Estela de Carlotto, con la huelga del Hospital Garraham, con los choferes de las líneas de colectivos, con “la 60” y muchos más.

En 2011, Roberto “Beto” Pianelli y Néstor Segovia fueron elegidos secretario general y adjunto respectivamente de la Asociación Gremial de Trabajadores del Subterráneo y Premetro (AGTSyP), después de triunfar en los comicios con casi un 90% de asistencia a las urnas. De esa forma sellaron la conformación de un sindicato independiente, “una organización sindical libre y democrática”, conformada en febrero de 2009 tras una consulta popular entre los trabajadores del subte donde participó la mayoría (a pesar de que las patotas sindicales bajaron a pegarles), y luego el Ministerio de Trabajo de la Nación le otorgó la inscripción gremial. Como planteó Beto en aquellos años:
 

  "Nosotros no quisimos hacer el sindicato de un día para el otro, son años de trabajo y maduración, con muchas cosas que ganamos no por la UTA sino pese a la UTA, una burocracia patotera que sólo juega a favor de la patronal."

La lista de conquistas fue enorme:

• La primera reincorporación de un despedido por una empresa privatizada, Marcelo Contreras. Fue con un paro en plena era menemista, y con trabajadores que no conocían a Marcelo pero que en todas las líneas se sentaron en las vías para lograr que no lo echaran. (En esa época los bienpensantes clamaban por lo insolidarios e individualistas que eran “los argentinos”). Desde 1997 no hubo más despidos.

• Bajar de 8 a 6 las horas de jornada laboral, por la insalubridad de la tarea.

• Romper el “neoliberal” sistema de las empresas tercerizadas, incorporando a Metrovías como personal estable a trabajadores de la limpieza y seguridad, por ejemplo.

• Sueldos que en su momento fueron de los más altos del país, aunque hoy perdieron la punta del campeonato (y rondan los 2.500 pesos para personal de limpieza, y 4.000 para las jerarquías más altas). El hecho de que hayan logrado salarios dignos parece resultar irritante, curiosamente, no para quienes ganan menos, sino para los que ganan más, como muchos comunicadores sociales.

 Así explicaba Beto sus principios clasistas y su concepción de la democracia obrera: 

Cuanto más libres son los compañeros para hablar, expresar lo que sienten, más posibilidades hay para hacer las cosas juntos. Es el contrato del que te hablaba. No podés inventarte una realidad porque te agarra la patronal, te tira a la mierda, y en un error quemás todo lo que conseguiste. Por eso yo creo que el principal objetivo del sindicalismo es la autonomía. ¿Qué quiere decir autonomía en este caso? Es poder pensar uno con los compañeros. No quiere decir no escuchar, al revés. Escuchar tampoco significa hacer lo que te dicen, sino intercambiar para llegar a la mejor variante. Y autonomía es no tener ninguna dependencia de ningún partido, ni del Estado, ni de la patronal, ni lo que venga. Hacer sindicalismo es juntarse con gente que tiene intereses comunes que no logran satisfacer. Si te lleva a pelear, pelearás. Si lo podés conseguir, mejor. Casi siempre hay que pelear. Pero es por intereses comunes, reivindicativos. Dicen que el sindicalismo es reformista. Claro, ¿Qué iba a ser?

Beto y la conducción del nuevo sindicato no descansaron; desde años atrás levantan la bandera de lucha contra el asbesto, un material cancerígeno que se encuentra de diferente forma en el subte y que ya cobró la vida de trabajadores. Por esa razón a medida que conocieron sus consecuencias en la salud, aumentaron el pliego de exigencias a la patronal y al gobierno, tomaron medidas de fuerza para imponer desde el plan de eliminación completa de este material, aumentar los controles médicos de los trabajadores, hasta reducir el tiempo de labor en contacto con asbesto. Como es usual en ellos, utilizan todos medios para favorecer la lucha por la salud laboral, que incluye también el tiempo libre. Cuando lograron la reducción de horas ganadas por insalubridad (de 8hs a 6hs), ya planteaban que era una forma de combatir la enajenación producida por la explotación laboral y recuperar el tiempo de ocio, para la cultura y la familia; en síntesis, para recuperar los valores humanos.

Beto militó desde muy joven en el movimiento estudiantil, se hizo trotskista e integró el MAS[2]. Con el tiempo se alejó de las organizaciones que conforman la izquierda, y comenzó una actividad política más ligado al movimiento peronista en sus alas más obreras, en Nuevo Encuentro y otras agrupaciones que conformaron sectores kirchneristas, y en los últimos tiempos junto a la línea conducida por Axel Kicillof.

No bajó las banderas antiimperialistas, por eso el 5 de enero último marchó junto Daniel Catalano, a otros dirigentes sindicales y partidos de izquierda a la embajada de los Estados Unidos para protestar contra la agresión a Venezuela, el bombardeo a Caracas y el secuestro de Nicolás Maduro.

Beto se había ganado la confianza y el corazón de sus compañeros del subte, pero trascendió ese espacio porque siempre estuvo del lado de los oprimidos, sean las mujeres, los pueblos semicolonizados, los pueblos sometidos y los expulsados, las minorías oprimidas por el color de la piel o por su condición sexual. Junto a la conducción del gremio, abrió la nueva sede en la calle Carlos Calvo a toda clase de iniciativas que ayudaran a luchar para mejorar las condiciones de vida de los sectores más explotados y oprimidos de la sociedad, desde una radio hasta una revista y actividades culturales y editoriales, Así organizó compañeros para dar pelea en todos los terrenos desde lo ideológico, lo político, lo legal, lo legislativo y lo sindical, y también de ayuda para la formación de sindicatos autónomos.

Un camino invalorable cuando desde el poder económico, político y mediático se instrumenta y fortalece la guerra contra las condiciones de vida de los trabajadores y el sometimiento del país al imperialismo.


Por tan dolorosa pérdida, un abrazo fraternal a su familia y a sus compañeros de lucha.
¡Compañero Beto, hasta el socialismo siempre!


[1] Entrevista completa publicada en Radio Gráfica, el 30 de enero de 2026, “Beto Pianelli: su historia de lucha en los Metrodelegados”.

[2] Organización liderada por Nahuel Moreno, creada en 1982 que como tal sobrevivió hasta 1991, última con él en vida, de una extensa trayectoria cuyo origen se remonta a 1948 en el Grupo Obrero Marxista (GOM). Moreno murió en enero de 1987.

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