ESTADOS UNIDOS: UN PRESIDENTE A MEDIDA DE LA DECADENCIA IMPERIALISTA

Con el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) y la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) se busca imponer un régimen de terror

Con el fin de la guerra fría, lo que América de verdad necesita es un enemigo ideológico obvio y amenazante… que pueda unir a los americanos en su contra… En 2004, con el enemigo consolidado en el discurso, un general americano explicaba que este enemigo va a ser eterno, como la lucha contra el cáncer. “Las guerras anteriores fueron como contraer una neumonía, que podía dejarte unas cuantas cicatrices en los pulmones pero de la que te curabas, la actual guerra (‘contra el terrorismo’) es como el cáncer: puedes estar bajo tratamiento, pero no se te va ir nunca mientras vivas.”


Irving Kristol, Analista “neocon” del American Enterprise Institute, en Wall Street Jounal, 7 de agosto de 1996. El “general americano” es el jefe de Estado Mayor del ejército Peter Schoomaker, en AP, 15 de junio de 2004.


Sino no hay enemigos, los inventa. Aunque ahora ya casi se ha olvidado, es bueno recordar el discurso nacido en los años 90 de los gobiernos estadounidenses y su nuevo enemigo “el terrorismo”, que cada vez se amplió contra más grupos y/o individuos, y que sirvió para reemplazar al enemigo comunista después de la desintegración de la Unión Soviética y su vuelta al capitalismo.

Un pueblo espiado, controlado y reprimido por organismos del estado de tipo nazi

De las palabras se pasó a los hechos: a partir de 2001, la persecución y guerra contra el terrorismo se inició fronteras adentro. Después del llamado 11-S (con los aviones que se estrellaron en torres emblemáticas del distrito financiero de Nueva York y en el Pentágono), los asesores de Bush, los neoconservadores, no solo planificaron las invasiones en Medio Oriente; también impulsaron el control de la policía y el FBI sobre la población estadounidense y lograron que ese mismo año el Senado votara por abrumadora mayoría de republicanos y demócratas el “Acta Patriótica”, cuyo texto decía:

Esta ley permite que nuestros agentes de inteligencia y de las fuerzas del orden sigan compartiendo información. Les permite seguir utilizando contra los terroristas las mismas herramientas que utilizan contra los narcotraficantes y otros delincuentes. Mejorará la seguridad de nuestra nación a la vez que salvaguardamos las libertades civiles de nuestra ciudadanía. La legislación fortalece al Departamento de Justicia para que pueda detectar y desmantelar mejor las amenazas terroristas. Y el proyecto de ley otorga a las fuerzas del orden nuevas herramientas para combatir las amenazas a nuestros ciudadanos, desde terroristas internacionales hasta narcotraficantes locales.

Además, siguió funcionando a todo vapor la Agencia Nacional de Seguridad (NSA), creada en secreto en 1952 por el presidente Harry S. Truman. Su existencia no fue revelada hasta la década de 1970 en el marco de una serie de investigaciones del Comité Selecto del Senado sobre Inteligencia de Estados Unidos realizadas para depurar responsabilidades dentro de las agencias de espionaje estadounidenses tras una serie de abusos y escándalos. Tiene su origen en un episodio que se desarrolló entre 1950 y 1956, durante el cual el senador republicano Joseph McCarthy desencadenó un extendido proceso de declaraciones, acusaciones infundadas, denuncias, interrogatorios, procesos irregulares y listas negras contra personas sospechosas de ser comunistas, que pasó a la historia como “macartismo”. Los sectores que se opusieron a los métodos de McCarthy denunciaron el proceso como una “caza de brujas”, episodio que quedó descrito, entre otros, en Las brujas de Salem (1953), del dramaturgo Arthur Miller. La NSA se dedica a mantener la seguridad de los sistemas del estado estadounidense. Las operaciones que han sido motivo de críticas y controversias al descubrirse el espionaje y vigilancia al que sometió a prominentes figuras en las protestas contra la guerra de Vietnam, su espionaje económico y el seguimiento a diversos líderes.

Además, existen dos bandas de mercenarios armados: el ICE, y la Patrulla Fronteriza (CBP) para la cacería y expulsión de inmigrantes supuestamente ilegales. En los últimos días, mientras estaban en acción a la caza de inmigrantes, fusilaron a una mujer y un hombre en plena calle y a la vista de todos en la ciudad de Minneapolis, asesinatos que fueron justificados y defendidos por los más altos funcionarios del gobierno de Trump.

El ataque a la libertad de prensa e información

Los documentos sobre programas de vigilancia secreta sacados a la luz por Edward Snowden en 2013 demostraron que la NSA intercepta las comunicaciones de unos mil millones de personas en todo el mundo y vigila las comunicaciones de los teléfonos móviles de cientos de millones de personas, situándola como uno de los principales responsables de la red de vigilancia masiva. En Estados Unidos, recopila y almacena los registros de llamadas de todos los estadounidenses. Y enfurecieron a la NSA y a la agencia de seguridad británica GCHQ (Cuartel General de Comunicaciones del Gobierno), que en vano trataron de atraparlo. En 2014 Snowden logró llegar a Rusia, donde permaneció asilado, luego reconocido como residente hasta que finalmente Putin le otorgó la ciudadanía rusa en septiembre de 2022.

Por su parte, el australiano Julian Assange, un programador que ganó atención internacional en 2010 después de que WikiLeaks publicara una serie de filtraciones de Chelsea Manning, analista de inteligencia del ejército de Estados Unidos: imágenes de un ataque aéreo estadounidense en Bagdad que mostraban crímenes de guerra cometidos por el ejército estadounidense, registros militares estadounidenses de las guerras de Afganistán e Irak, y cables diplomáticos estadounidenses. Desde 2010 fue objeto de persecución judicial por el Gobierno de Estados Unidos, lo que lo llevó a asilarse en 2012 en la embajada de Ecuador en Londres donde permaneció hasta 2019. Cuando perdió su estatus de refugiado político fue encerrado durante más de cinco años en la cárcel inglesa de máxima seguridad de Belmarsh, hasta que fue liberado en junio de 2024 y pudo regresar a su país.

Además, existe una acción sistemática contra los medios de prensa tradicionales, ejecutada por los magnates tecnológicos. El megarrico Jeff Bezos, como nuevo propietario del Washington Post y bajo el pretexto de ajuste presupuestario despidió a más de 300 periodistas, entre estos, a la plantilla completa para Oriente Medio y a la corresponsal en Ucrania con base en Kiev, liquidando equipos de periodistas formados en una escuela de investigación de extensa trayectoria. Elon Musk, cuando compró Twitter, hizo lo mismo, despidió al plantel de trabajadores, y el nuevo X redujo de forma considerable la participación en la plataforma además de aumentar los controles.

Se fueron los días donde se podía criticar al gobierno sin importar las consecuencias, o sin ir preso.

De Reagan a Trump

Irving Kristol fue el ideólogo de los llamados “neocon” un grupo de neoconservadores con influencia en el gobierno de Reagan y en el partido republicano. Cumplieron un papel decisivo durante el mandato de Bush (hijo); su vicepresidente Dick Cheney y su secretario de Defensa Donald Rumsfeld figuras centrales de la guerra contra el terrorismo, integraron el gobierno donde se promocionó y planificó la invasión a Irak en 2003. Fue el gobierno de Bush, con aprobación mayoritaria en el Congreso, el que promulgó la Ley Patriótica, que amplió el control del Estado para combatir el “terrorismo”, que permitió la vigilancia y control de la población, endureció penas y creó nuevos delitos. Una política que terminó en tipificar la nueva amenaza de estos últimos años: la de “narcoterrorismo” de Trump, como un “peligro para seguridad nacional” que legitima y justifica cualquier acción armada en el país o en el extranjero.

El régimen autoritario de Donald Trump es fruto de un largo proceso histórico de liquidación de las libertades democráticas en los Estados Unidos. Y como el sistema capitalista-imperialista continúa vigente, también se hace cada vez más violento su carácter agresivo y guerrero que no deja de explotar al mundo y que siempre encuentra motivo para redoblar la marcha de la carrera armamentista. Es en este marco que Estados Unidos se convirtió de un régimen de libertades limitado por los intereses de la clase dominante capitalista pero donde la torta de riqueza le permitía un reparto de bienes y condiciones de vida más igualitario, en el régimen de Donald Trump, una democracia cada vez más condicionada, al servicio de un grupo de poder financiero-industrial concentrado, un régimen donde el poder policial aumenta, reprime la protesta popular y se ensaña contra la población trabajadora y migrante.

El poder del Estado norteamericano, con la presidencia de Trump, lo asume la oligarquía financiera-tecnológica-rentista, que no solo busca dominar a los países más atrasados para explotarlos y saquearlos, también busca aplastar a la clase obrera y las masas populares.

Desde que Trump asumió el gobierno en su segundo período, las acciones del ICE (organismo de control de inmigración y Aduanas, reconfigurado en sus funciones durante el gobierno de George W. Bush) y de la Patrulla Fronteriza siembran el terror en los condados donde se instalan. Actúan como paramilitares, con total impunidad y han fusilado personas en la calle.

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La clase obrera y el pueblo de los Estados Unidos supieron defender sus grandes conquistas democráticas, logradas mediante dos revoluciones, la Independencia de Inglaterra y la Guerra de Secesión.


Hubo luchas violentas y sangrientas detonadas por el histórico salvajismo de los capitalistas yanquis contra los trabajadores, que sumaron a la represión policial la utilización de bandas armadas privadas, como la Agencia Pinkerton, dedicada desde el siglo diecinueve hasta la actualidad a reclutar escuadrones de matones y esquiroles para atacar, entre muchos otros, a los mineros del carbón, del hierro, de la madera, del ferrocarril, y de espiar e infiltrar al activismo que lucha por sindicalizar a Amazon.

Hubo multitudinarias marchas de los negros, liderados por el movimiento pacifista de Martin Luther King y la organización armada de los Panteras Negras encabezada por Malcolm X (los dos murieron asesinados), que acabaron con todas las leyes de segregación racial que sobrevivían en el país, sobre todo en estados sureños, como herencia del esclavismo.

Hubo tremendas movilizaciones contra la guerra en Vietnam, que no retrocedieron, sino que crecieron a pesar de la violenta represión y que provocaron una conmoción social muy profunda hasta lograr, junto al heroísmo de las masas vietnamitas, le primera derrota militar del imperialismo yanqui en su historia.

Hubo una rebelión encabezada por los negros, pero también acompañada por muchos blancos cuando la policía mató a George Floyd el 25 de mayo de 2020 en Minneapolis. Y han comenzado a aparecer grupos y destacamentos de Panteras Negras, sobre todo en Filadelfia.

Las acciones salvajes de ICE han sido respondidas por movilizaciones de masas generalmente pacíficas, organizadas a través de redes sociales, también por la vigilancia vecinal para dar aviso de la presencia de estos agentes, por huelgas con llamados de no concurrencia a escuelas, trabajos o comercios, con colectas de dinero y reparto de comida a familias migrantes, con una organización de base estructurada en base a los estados, condados, parroquias, o municipios, fundamentalmente gobernados por demócratas. Lo cual les permite cierta autonomía y legalidad. Igual miles de migrantes son deportados, encarcelados, separados de sus familias, torturados y hasta asesinados. Los retrocesos tácticos del gobierno solo buscan bajar la atención pública sobre el ICE, pero las familias migrantes, en particular las latinas, siguen en peligro.

El camino hacia un verdadero régimen totalitario en Estados Unidos solo podrá ser frenado y finalmente derrotado por la lucha de masas, un proceso que está en marcha, que hoy explota en Minnesota, pero mañana puede hacerlo en California, que peleó también en defensa del pueblo palestino, como lo hace contra la brutalidad policial o contra los asesinos del ICE.

Las libertades democráticas se deben superar con mayores conquistas, en una sociedad donde exista la libertad de creación, artística, científica, periodística y de formar partidos políticos. Pero donde cada obrero tenga el trabajo asegurado, y no se vea obligado a destinar sus mejores años sometido a una explotación infernal ni al peligro de la desocupación ni de la miseria, que cuente con vivienda, educación y medicina social. Esta sociedad socialista de una democracia ampliada y extendida, solo se logrará con una tercera revolución.

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