Algunas consideraciones sobre la dominación mundial imperialista
El multilateralismo de China y de Rusia apunta a un
sistema imperialista internacional basado en los tratados, organismos y
acuerdos de posguerra, reformado en la línea de “cooperación”, “paz” y
“prosperidad” entre países, la vieja estrategia de coexistencia pacífica de las
burocracias del Kremlin y de China. En la actualidad, está política es
entendida desde el nuevo papel que juegan estas dos potencias en el mercado
mundial imperialista, alcanzado como resultado de la restauración capitalista.
En realidad, una dominación que se enmascara como el ejercicio del “poder
blando”. Trump barre de un plumazo con todo el derecho internacional surgido en
la posguerra, sus organismos y tratados, y se planta en la defensa y puesta en
acción del poder militar y financiero de los Estados Unidos.
El contexto mundial está determinado por estas dos
estrategias políticas, donde la guerra en Ucrania ha cambiado el realineamiento
mundial y potenciado el binomio China-Rusia, en medio de la agudización de la
pelea por el reparto del mundo, por la rivalidad y competencia crecientes entre
China y Estados Unidos, y donde las potencias europeas, encabezadas por
Alemania, Francia y Gran Bretaña, golpeadas por la guerra en el centro de
Europa, luchan a su vez para no quedar como actores secundarios.
La presión de las masas en sus luchas contra el
aumento de la opresión y la explotación laboral, objetivamente contra el
sistema político, económico y social capitalista, intensifica las
contradicciones en la superestructura política de dominación imperialista.
El antagonismo entre China y
Estados Unidos
Está claro que China aventajó a Estados Unidos en la
construcción de una industria de REE (siglas en inglés para Rare Earth
Elements, Elementos de Tierras Raras). China supera en recursos (sus
reservas en tierras raras abarcan el 50% del total mundial y extrae el 70% de las tierras raras del mundo),
refinamiento, procesamiento y en experiencia a Estados Unidos. Por lo tanto,
depende en gran porcentaje de China para abastecerse.[1] Para Trump romper esta
ventaja sobre las tierras raras se convirtió en una prioridad para la
seguridad, atada por ahora a esta dependencia de China.
Por sus propiedades, el grupo de 17 elementos de las
tierras raras se vuelve indispensable en varias ramas industriales, desde
vehículos eléctricos y turbinas eólicas hasta refinerías de petróleo, imágenes
médicas y, sobre todo, para los sistemas militares avanzados.
Durante el año 2025, el gobierno chino, como
respuesta a la política chantajista de aumentos de aranceles de Donald Trump,
restringió en dos oportunidades la exportación de estos minerales a Estados
Unidos. Esto quizás haya sido un factor decisivo en el plan de Trump para la
ofensiva contra Venezuela, y para designar a América latina como una de sus
prioridades en el plan de seguridad.
Después del 3 de enero, Venezuela
perdió su independencia.
Asumen las autoridades de un
gobierno títere de Estados Unidos
La causa del ataque pirata de Estados Unidos a
Venezuela está en los recursos: desde el petróleo, las tierras raras y los
minerales hasta las minas de oro, y en cómo dominarla políticamente para
explotarlos y robarle la renta al país. El plan colonial y de agresión de los
Estados Unidos se había iniciado a mediados de 2025, bajo la bandera de la
lucha contra el “narcoterrorismo”, con el hundimiento de lanchas y el asesinato
de sus tripulantes en el Caribe y con la incautación de buques petroleros; los
ataques en el territorio venezolano en la madrugada del 3 de enero parecen
culminar esta etapa.
La captura de Maduro fue una acción al estilo de los imperios coloniales, excepto que en vez de goletas y cañones se usaron helicópteros artillados y medios de guerra electrónica, que además no perseguía la caída de un régimen autoritario. De forma inmediata, Donald Trump mostró satisfacción por lo logrado y canceló un supuesto segundo ataque. Lo presentó como un plan eficiente, en una incursión ejecutada con una centena de aeronaves y un grupo de fuerzas especiales y agentes del FBI que trabajaron la inteligencia sobre el terreno durante meses.
Al día siguiente del secuestro del presidente del
país, la vicepresidenta Delcy Rodríguez se preparaba para asumir al frente del
gobierno y su hermano Jorge Rodríguez como presidente de la Asamblea Nacional.
Las instituciones fundamentales del Estado burgués, su columna vertebral, es
decir, sus Fuerzas Armadas y policiales, continuaron bajo el liderazgo de
Padrino López y Diosdado Cabello al frente de Defensa y Seguridad
respectivamente. Los analistas superficiales decían que el “régimen chavista”
había quedado intacto. Pero la realidad es que lo que había sido un régimen y
gobierno independientes, en el sentido de que no obedecían ciegamente a
las órdenes del imperialismo, dejaron de serlo por completo, y se convirtieron
en títeres a las órdenes de los yanquis tanto en lo político como en lo
económico.
Las medidas económicas e institucionales tomadas por
el gobierno de transición o interino, que se suceden día a día, y las leyes
votadas por la Asamblea Nacional venezolana (de mayoría “chavista”), en
particular la reciente Ley de Hidrocarburos, junto a la liberación de presos y
el proyecto de amnistía, entre otros, presenta un viraje decisivo en la
conducción política y económica, que también podría considerarse una
aceleración de los planes que Maduro intentaba aplicar sin resultado porque con
él al frente del país aumentaban las sanciones económicas y las presiones
políticas de las potencias imperialistas, que hoy Estados Unidos retira
paulatinamente.
Trump y los funcionarios del gobierno norteamericano
no escondieron que se establecían conversaciones con las autoridades de
Venezuela, y se dejaba en evidencia la continuidad de una negociación abordada
en los meses previos y en la que en algún tramo participó Maduro (hubo llamadas
telefónicas reconocidas tanto por Trump como por Maduro). Las versiones son
muchas en relación a si al interior del aparato de gobierno hubo traidores,
pero hasta acá, a pocas semanas de haberse cumplido un mes de la agresión, las
relaciones de obediencia de los hermanos Rodríguez con el gobierno de Estados
Unidos no presentaron fisuras ni contradicciones mayores.
Lo inesperado de
los sucesos del 3 de enero es en primer lugar la poca reacción defensiva de
parte del régimen venezolano. El factor sorpresa y el uso del sistema de guerra
electrónica allanaron el camino para la captura de Maduro y su esposa, aunque
no impidieran una retirada peligrosa, que los obligó a sortear un intenso
tiroteo. Pero tanto el despliegue militar naval previo como las negociaciones
hicieron el resto y dejaron claro que para ambos contendientes (el actual
régimen y gobierno venezolanos y el gobierno de Trump) en los primeros días de
2026 y sin Maduro, se terminaba una etapa de la escalada contra el país y la
región. El régimen bolivariano no se preparó para la guerra sino para una etapa
de gobierno bajo la tutela directa de Estados Unidos. La resistencia social se
fue diluyendo con el paso de los días, aunque continuaron algunas
movilizaciones organizadas por chavistas en reclamo de la libertad de Maduro y
su regreso al país.
En segundo lugar, fue inesperada la decisión de
Trump de sostener al actual régimen “chavista” como interlocutor en la
negociación y ejecución de los planes imperialistas, cerrando a la oposición el
camino directo para reemplazar al chavismo en el gobierno del país. Tanto Corina
Machado, que se daba por triunfadora de la última elección de 2024, como los
otros sectores antichavistas de la burguesía venezolana quedaron en stand
bay.
Desde el 3 de enero todo cambió, las visitas de
altos funcionarios del gobierno de Trump a Venezuela se suceden una tras otra
junto a las nuevas leyes y medidas dictadas por el imperialismo:
El secretario de Energía de Estados Unidos, Chris
Wright, visitó Venezuela cuando había pasado apenas un mes de la captura de
Maduro, durante su estadía recorrió junto a “la presidenta encargada” Delcy
Rodríguez uno de los campos petroleros operado por Chevron. En esa instancia,
Rodríguez fue consultada por Stefano Pozzebon periodista de la CNN, sobre sus
impresiones del visitante, y ella respondió “que ambos países estaban
trabajando sin descanso para cimentar una nueva sociedad energética que,
espera, será a largo plazo’”. El mismo reportero observó en el comentario de
Delcy “un gran cambio para una mujer que en 2019 dijo que “el capitalismo es incapaz
de generar felicidad”.
En los últimos días de febrero, el Jefe del Comando
Sur de EE.UU., Francis Donovan encabezó una delegación que viajó Venezuela para
evaluar “el plan de tres fases” del presidente Trump. Las tres fases serían la
de estabilización del país y “restauración de la seguridad”, la recuperación de
la economía y una “transición” a una “Venezuela amigable, estable, prospera y
democrática”. El ministro de Comunicación venezolano, Miguel Ángel Pérez
Pirela, publicó en X que “ambos países acordaron trabajar en el diseño de una
agenda de cooperación bilateral para la lucha contra el tráfico de sustancias
ilícitas”, así como para abordar juntos la migración,
La derrota de la Venezuela
independiente ayuda a Trump a aumentar sus amenazas, represalias, sanciones y
acciones militares contra otros países del mundo
Esta agresión militar para terminar con un gobierno
soberano y un régimen que había nacido bajo la bandera de la independencia
económica y política del imperialismo, podría considerarse ejemplificadora para
los líderes que defienden cierta autonomía política en la región. Ni México ni
Brasil se arrodillaron ante el amo del norte; cuestionaron duramente el ataque,
pero hasta el momento no avanzaron en acuerdos que impliquen un freno a la
incursión pirata norteamericana en la región. México y también Rusia plantean
continuar con el apoyo (humanitario y combustible) a Cuba, bajo la amenaza de
Trump de retomar la guerra arancelaria. El país liderado por el castrismo ya
atraviesa una crisis energética extrema que deja sin combustible los aviones,
paraliza la industria turística (y la entrada de divisas) y dificulta la
existencia de los habitantes de la isla.
Está claro también que este ataque a Venezuela es un
signo de la decadencia norteamericana, una decadencia que tiene costos sociales
en el país, que Trump pretende solventar haciéndoles pagar a sus países
fronterizos (Canadá y México), a Panamá y a los países del Caribe y de América
del Sur. Pero la decadencia de una potencia no la convierte en más pacífica
sino en todo lo contrario, cada vez más agresiva.
Es una realidad que existe un repliegue de Estados
Unidos forzado por la acumulación de derrotas político-militares en Medio
Oriente (el fracaso del intento de imponer un virrey yanqui en Irak y el
triunfo de los Talibanes en Afganistán), por la crisis crónica de una economía
financiera parasitaria y rentística, por la pérdida de hegemonía mundial en una
creciente rivalidad con China (no solo fortalecida por desarrollo industrial y
una economía en crecimiento, también por la alianza con Rusia). La guerra
emprendida por Putin en Ucrania contra la OTAN, que inició como una operación
militar especial pero ya se ha prolongado cuatro años, reforzó la alianza
china-rusa, se convirtió en un foco de atracción para otra economía de gran
escala como la India, acercó a Corea del Norte, que apoyó con soldados el lado
ruso de la guerra sin perder alianzas previas que mantenía con Irán y
Venezuela, etcétera. Mientras tanto, la Unión Europea reforzaba su campaña
antirrusa y sus lazos con los Estados Unidos (no solo por su interdependencia
económica) sino también para sostener el liderazgo del servil Zelenski, que no
podría continuar al frente del gobierno de Ucrania sin el apoyo de la UE.
La euforia de los trumpistas después de la captura
de Maduro, se expresó en las declaraciones amenazantes que preveen castigar con
mayor dureza a los regímenes de Cuba e Irán.
Algunas
conclusiones
Antecedentes
El Caracazo. La producción petrolera, con precios
altos en el mercado, le habían dado a Venezuela estabilidad económica y
política. Cuando cambiaron esas condiciones bajo el gobierno de Carlos Andrés
Pérez se intentó aplicar un plan económico de austeridad que implicaba, además,
fuertes aumentos en los combustibles. Esto provocó que en febrero de 1989
estallaran acciones de masas obreras y populares urbanas con epicentro en
Caracas, que se extendieron a otras ciudades hasta mediados de marzo.
Movilizaciones que pasaron por encima a la policía y la represión contra trabajadores
y universitarios, obligaron al toque de queda y a la intervención del Ejército
con un saldo indeterminado de muertos entre los manifestantes (se habló de más
de 300 y hasta de miles). Desde el estallido se abrió una grieta en el régimen
burgués de aguda crisis política, social, económica e institucional que llevó
al triunfo electoral de Hugo Chávez en 1998, y al inicio del camino del
chavismo.
El chavismo
La lucha de clases definió el camino. El llamado
Caracazo fue el inicio, los trabajadores no abandonaron la pelea; todo lo
contrario, recién con el triunfo electoral de 1998 y el gobierno de Hugo
Chávez, que debió aceptar la prioridad de los reclamos populares, se abrió un
período de estabilidad social. Sin esto no se hubieran podido recomponer las
instituciones del Estado, en particular la unidad de las Fuerzas Armadas. No
hubo ruptura total con la burguesía, a pesar de que Hugo Chávez impulsó
expropiaciones y nacionalizó sectores estratégicos para la economía nacional.
En 1999 se aprobó una nueva Constitución. Se crearon consejos comunales y se
implementaron programas sociales para facilitar el acceso a la educación, la
salud y la vivienda. Chávez formó alianzas políticas y electorales con los
partidos de izquierda y organizaciones sociales y sindicales. Privilegió su
relación con Fidel Castro y el régimen cubano. Se opuso al ALCA (desde Alaska a
Tierra del Fuego) con Estados Unidos, e impulsó acuerdos a nivel regional,
prestó ayuda financiera a la Argentina después de la crisis de 2001 y a los
países del Caribe. Hugo Chávez murió en 2013.
La acción de masas impuso un tipo de gobierno y de
régimen que amplió la participación política popular, el crecimiento de la masa
salarial, y redireccionó las ganancias petroleras hacia el aumento de beneficios
para los sectores más vulnerables. En esa línea se impulsaron acuerdos con
países sancionados por el imperialismo, como Cuba; una alianza donde se
intercambió combustible, servicios de salud, de inteligencia militar, etcétera.
El régimen liderado por Hugo Chávez enfrentó los intentos de golpe y de
desestabilización exitosamente, pero las campañas y los intentos de acabar con
él impulsados por la oposición burguesa y servil a los intereses de Estados
Unidos y de los países de la Unión Europea, no cesaron y recrudecieron después
de su muerte.
Con la desaparición de Hugo Chávez, estaba claro que
el régimen recibía un golpe importante. No por casualidad existe una teoría que
sostiene que su enfermedad, el cáncer que precipitó su muerte, podría haber
sido inducido por sus enemigos. Su vicepresidente Nicolás Maduro fue el sucesor
sugerido por Hugo Chávez meses antes de su fallecimiento.
En 2026, Nicolás Maduro estaba cumpliendo el tercer
mandato como presidente.
El régimen
chavista bajo el gobierno de Nicolás Maduro
En 2014, el precio del petróleo sufría una
importante caída pasando de 100 dólares a menos de 40 por barril por el auge
del shale, y ya había sufrido una baja significativa (32 dólares) en
2008 debido a la crisis financiera y después de alcanzar un máximo histórico.
En resumen, desde 2014:
1. Se
iniciaron las sanciones contra la economía nacional y contra el patrimonio de
los funcionarios del gobierno venezolano, aplicadas por Estados Unidos y países
de la Unión Europea. Trump en 2017 las amplió a empresas de los sectores clave
como el petróleo, el oro y la minería. Dejaron al país exhausto, empeoraron las
condiciones de vida. La mayor ola migratoria se dio a partir de ese año, por la
vía terrestre, hacia países vecinos.
2. Nicolás
Maduro y la Asamblea Nacional (con mayoría chavista) continuaron con medidas
antiobreras, un plan de ajuste, intervención monetaria y privatizaciones. La
Reforma Laboral con el memorando 2792, emitido en 2018, transformaron en bonos
a la mayoría de los ingresos salariales de la clase trabajadora, con pago en
bolívares y los bonos en divisas. El pago en bonos rigió tanto para los
trabajadores del sector privado como para los obreros petroleros. También
intervinieron en la autonomía de la organización sindical. A la vez, se aplicó
una política de desalojo y entrega de tierras a viejos y nuevos terratenientes,
junto a eliminar los planes de apoyo a los proyectos productivos de los
pequeños campesinos.
3. A
partir de 2021, se iniciaron negociaciones con organizaciones empresariales
tradicionales como Fedecámaras y Conindustria para acordar la repartición de
empresas y activos estatales en un proceso de privatización, en el marco de la
apertura de conversaciones con el gobierno de Joe Biden y la Unión Europea.
4. Delcy
Rodríguez como vicepresidenta impulsó medidas para rescatar la economía de una
situación insostenible por los niveles de inflación descontrolada, fogoneada
por el bloqueo y las sanciones. La fuente de divisas para el país continuó
siendo el petróleo y, con Chevron triangulando la venta, el mayor comprador de
petróleo venezolano fue Estados Unidos a pesar de las sanciones. Ese lugar lo
ocupó China recién después de las elecciones de 2024. La política financiera de
Delcy, llamada dolarización “endógena”, o encubierta, era un mecanismo de
emisión cero (secar la economía de bolívares), dólar barato, eliminación
paulatina de los controles de precio y de cambio, con el objetivo de frenar
abruptamente la espiral inflacionaria; todo al servicio de estabilizar la
economía en vísperas del proceso electoral de 2024.
5. La
relación entre China y Venezuela, consolidada en 2023 como una “asociación estratégica a toda prueba
y todo tiempo”, permitió al país exportar hidrocarburos y
minerales a pesar de las sanciones. En igual sentido, las relaciones con Irán
lo ayudaron con combustible y refacciones en las refinerías, que Venezuela
financió enviando oro. La relación con Rusia, consolidada en los tiempos del
gobierno de Hugo Chavez, permitió al país fortalecer su sistema de defensa
militar y de seguridad (adquirió armamento, aviones y embarcaciones), además de
recibir los fertilizantes, el trigo y los medicamentos rusos.
Está claro que desde 2014 el proyecto chavista
perdió apoyo de sectores de trabajadores beneficiados en los primeros años del
mandato. El antiimperialismo y el “Socialismo del siglo XXI” fueron banderas
defendidas por el régimen hasta el último día, pero en la base obrera y popular
la adhesión se debilitó, y mucho más después de la migración masiva y del
aumento de métodos represivos. Las libertades de crítica y democráticas en
general se fueron restringiendo en forma paralela a los ataques internos y
externos de la oposición servil y agente del imperialismo.
Una política
al servicio del capital
Ante los ataques y campañas de la oposición, las
sanciones y las amenazas imperialistas, el régimen bolivariano tomó el camino
contrario a la defensa de la democracia obrera. En vez de ampliar los derechos
democráticos a la clase obrera, de impulsar la participación, la organización
sindical y la autodefensa de trabajadores industriales y campesinos, en
síntesis para preparar la lucha; en su lugar aumentó las concesiones a los
explotadores de Fedecámaras y Conindustria, abrió la negociación con Estados
Unidos y con los gobiernos imperialistas europeos, cediendo a estas presiones.
El gobierno de Maduro, se separó de su base popular, aumentó el control
burocrático y buscó en las Fuerzas Armadas y en la policía su base de apoyo
para negociar con el imperialismo.
Los militares chavistas recibieron privilegios de
todo tipo y llegaron a dirigir 14 ministerios. El coronel Pedro Tellechea como
presidente de PDVSA, sumó el cargo de ministro de Hidrocarburos. Esta última
designación al frente del ministerio en 2023 fue consecuencia de los casos de
corrupción que afectaron a la industria y a la empresa. Se consideraba que el
generalato intervenía en todo tipo de negocios financieros y económicos. La
actuación de las Fuerzas Armadas durante el ataque del 3 de enero se podrá
evaluar en el futuro; por ahora siembra dudas el hecho de que, más allá de la
eficaz guerra electrónica implementada para la captura de Maduro (que
sorprendentemente estaba protegido por militares cubanos), el ataque no haya
provocado ni daños materiales de consideración ni víctimas en los atacantes.
El
imperialismo
El imperialismo tiene siglos de historia y
experiencia de dominación, y capital suficiente para corromper funcionarios,
ofrecer grandes negocios a los sectores burocráticos, funcionarios del estado,
que se transforman con facilidad de agentes indirectos a directos del
imperialismo. También en penetrar en el país a través de inversiones
financieras y préstamos, bajo la tutela de organismos como el FMI, el Banco
Mundial, o de empresas, como Chevron, que nunca se fue de Venezuela.
El petróleo venezolano y PDVSA han sido actores
fundamentales de la historia del país. Con Hugo Chávez hubo cambios importantes
en la administración de la empresa, cerca del 30% de la plantilla laboral fue
desplazada (después de un intento de desestabilizar su gobierno), renegoció los
contratos con las empresas extranjeras, lo cual derivó en más
nacionalizaciones, y que empresas como ExxonMobil y otra estadounidense no
aceptaran los términos del chavismo y se fueran del país. Intentó que los
recursos clave, incluidos los minerales, los controlara el estado para que los
beneficios extraídos de su comercialización aumentaran la masa salarial y la
independencia del país.
Con el ataque 3 de enero la renta petrolera
venezolana cambió de dueño, se allanó el camino de Estados Unidos para
controlar el petróleo venezolano, para cubrir su demanda interna de
combustibles, para ganar fuerza en el mercado energético global y
fundamentalmente para someter políticamente a este país. Aunque Delcy Rodríguez
reciba parte de los dividendos de la venta del petróleo venezolano de manos de
Trump y anuncie que esos dólares están dirigidos a aumentar los salarios, no
revierte la dinámica a un sometimiento cada vez mayor.
Estados Unidos también logró una barrera objetiva
contra China, al limitar su posibilidad de acceso a los recursos y al negocio
financiero venezolano.
Con la nueva ley de Hidrocarburos votada por la
Asamblea Nacional para facilitar la entrada de inversiones extranjeras (en
particular yanquis) y para la privatización, tanto el futuro de PDVSA como de
los negocios de los militares constituyen una incógnita.
La revolución
bolivariana de Hugo Chávez
En Venezuela a partir de 1999 se abrió un proceso
con una dinámica a favor de los intereses de la clase obrera, de concesiones
económicas y sociales a los trabajadores urbanos y rurales, que lograron
mejores condiciones de vida. Se caminó hacia la democracia obrera en lo
sindical, político y barrial. Se impulsó la organización para la autodefensa.
Se facilitó la libertad de crítica y de organización política, lo cual dio
origen a la formación de un gran número de partidos y de alianzas electorales
de trabajadores. Se controló el flujo del capital financiero imperialista y no
se siguieron los “consejos” de sus organismos como el FMI o el Banco Mundial.
Hugo Chávez comenzó a difundir la idea de un proyecto no solo soberano también
socialista. Nacionalizó los recursos clave, el petróleo y la minería. Repartió
la tierra entre los pequeños campesinos. En la Cuarta Cumbre de las Américas
(2005) se rechazó el ALCA, el acuerdo de libre comercio propuesto por Estados
Unidos a la región, por una amplia oposición liderada por Chávez y los países
del Mercosur.
Aunque Chávez había comenzado el camino de la
expropiación de empresas, bajo su gobierno no se rompió con la burguesía, el
agente imperialista dentro de las fronteras y dueña de los medios de producción
y del capital. Chávez trabajó en la unidad de las Fuerzas Armadas en un proyecto
de independencia nacional, y así fortaleció la institución fundamental del
estado burgués, aunque también en ese aspecto utilizó una política alternativa,
al impulsar la organización de milicias.
A partir de la desaparición de Chávez, el régimen bajo
el liderazgo de Maduro dio un viraje profundo en sentido de conceder cada vez
más a las presiones imperialistas y de la burguesía. A pesar de resistir varios
golpes desestabilizadores, ceder al imperialismo actuó como una gangrena que
terminó con la amputación del presidente y la pérdida de toda independencia por
parte de Venezuela.
Una posición clasista o, como
mínimo, democrático-antiimperialsta no debería moverse ni un milímetro de la
defensa incondicional de Venezuela, tanto bajo la presidencia de Hugo Chávez
como de Nicolás Maduro, ante agresiones e intervenciones (en los procesos
electorales y gobiernos impuestos desde afuera) imperialistas extranjeras,
defendiendo la independencia del país contra potencias como Estados Unidos,
España, Noruega o cualquier potencia de la Unión Europea. Prioriza la necesidad
de defender el país de la dominación extranjera por encima de la lucha por la
democracia y de cambio de régimen político. Esto no implica
renunciar a la crítica o dejar de señalar las diferencias con las políticas
implementadas por los líderes del régimen bolivariano.
[1] De ahí que en
estos últimos meses el gobierno de Trump esté forjando cada vez más alianzas
financieras con aquellas corporaciones dedicadas a la extracción y
procesamiento de los minerales críticos: el caso más evidente es el de la MP
Materials, de la que el Pentágono se convirtió en accionista mayoritario luego
de invertir en esta empresa más de 400 millones de dólares.
Venezuela, además, está en
la mira de otras compañías mineras especializadas en este tipo de recursos como
USA Rare Earth, Cove Capital, Critical Metal, junto con dos startups en rápida
expansión: ReElement y Vulcan Elements, esta última directamente ligada a Don
Trump Jr.
Recientemente, Joshua
Ballard, director ejecutivo de USA Rare Earth, lo expresaría sin ambigüedades:
“Este es el momento del Proyecto Manhattan para las tierras raras”. Una
analogía extraña, preocupante y, al fin y al cabo, también inquietante, en el
que la producción de la bomba atómica para poder fin a la Segunda Guerra
Mundial sería equiparable al momento actual en el que Estados Unidos podría
encarar una arremetida bélica directa contra Venezuela.
Daniel Kersffeld
Investigador CONICET - Universidad Torcuato di Tella.
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