VENEZUELA DESPUES DEL FATIDICO 3 DE ENERO

Algunas consideraciones sobre la dominación mundial imperialista


El multilateralismo de China y de Rusia apunta a un sistema imperialista internacional basado en los tratados, organismos y acuerdos de posguerra, reformado en la línea de “cooperación”, “paz” y “prosperidad” entre países, la vieja estrategia de coexistencia pacífica de las burocracias del Kremlin y de China. En la actualidad, está política es entendida desde el nuevo papel que juegan estas dos potencias en el mercado mundial imperialista, alcanzado como resultado de la restauración capitalista. En realidad, una dominación que se enmascara como el ejercicio del “poder blando”. Trump barre de un plumazo con todo el derecho internacional surgido en la posguerra, sus organismos y tratados, y se planta en la defensa y puesta en acción del poder militar y financiero de los Estados Unidos.

El contexto mundial está determinado por estas dos estrategias políticas, donde la guerra en Ucrania ha cambiado el realineamiento mundial y potenciado el binomio China-Rusia, en medio de la agudización de la pelea por el reparto del mundo, por la rivalidad y competencia crecientes entre China y Estados Unidos, y donde las potencias europeas, encabezadas por Alemania, Francia y Gran Bretaña, golpeadas por la guerra en el centro de Europa, luchan a su vez para no quedar como actores secundarios.

La presión de las masas en sus luchas contra el aumento de la opresión y la explotación laboral, objetivamente contra el sistema político, económico y social capitalista, intensifica las contradicciones en la superestructura política de dominación imperialista.

 

 

El antagonismo entre China y Estados Unidos

 

Está claro que China aventajó a Estados Unidos en la construcción de una industria de REE (siglas en inglés para Rare Earth Elements, Elementos de Tierras Raras). China supera en recursos (sus reservas en tierras raras abarcan el 50% del total mundial y extrae el 70% de las tierras raras del mundo), refinamiento, procesamiento y en experiencia a Estados Unidos. Por lo tanto, depende en gran porcentaje de China para abastecerse.[1] Para Trump romper esta ventaja sobre las tierras raras se convirtió en una prioridad para la seguridad, atada por ahora a esta dependencia de China.

Por sus propiedades, el grupo de 17 elementos de las tierras raras se vuelve indispensable en varias ramas industriales, desde vehículos eléctricos y turbinas eólicas hasta refinerías de petróleo, imágenes médicas y, sobre todo, para los sistemas militares avanzados.

Durante el año 2025, el gobierno chino, como respuesta a la política chantajista de aumentos de aranceles de Donald Trump, restringió en dos oportunidades la exportación de estos minerales a Estados Unidos. Esto quizás haya sido un factor decisivo en el plan de Trump para la ofensiva contra Venezuela, y para designar a América latina como una de sus prioridades en el plan de seguridad.

 


Después del 3 de enero, Venezuela perdió su independencia.

Asumen las autoridades de un gobierno títere de Estados Unidos

 

La causa del ataque pirata de Estados Unidos a Venezuela está en los recursos: desde el petróleo, las tierras raras y los minerales hasta las minas de oro, y en cómo dominarla políticamente para explotarlos y robarle la renta al país. El plan colonial y de agresión de los Estados Unidos se había iniciado a mediados de 2025, bajo la bandera de la lucha contra el “narcoterrorismo”, con el hundimiento de lanchas y el asesinato de sus tripulantes en el Caribe y con la incautación de buques petroleros; los ataques en el territorio venezolano en la madrugada del 3 de enero parecen culminar esta etapa.

La captura de Maduro fue una acción al estilo de los imperios coloniales, excepto que en vez de goletas y cañones se usaron helicópteros artillados y medios de guerra electrónica, que además no perseguía la caída de un régimen autoritario. De forma inmediata, Donald Trump mostró satisfacción por lo logrado y canceló un supuesto segundo ataque. Lo presentó como un plan eficiente, en una incursión ejecutada con una centena de aeronaves y un grupo de fuerzas especiales y agentes del FBI que trabajaron la inteligencia sobre el terreno durante meses.

Al día siguiente del secuestro del presidente del país, la vicepresidenta Delcy Rodríguez se preparaba para asumir al frente del gobierno y su hermano Jorge Rodríguez como presidente de la Asamblea Nacional. Las instituciones fundamentales del Estado burgués, su columna vertebral, es decir, sus Fuerzas Armadas y policiales, continuaron bajo el liderazgo de Padrino López y Diosdado Cabello al frente de Defensa y Seguridad respectivamente. Los analistas superficiales decían que el “régimen chavista” había quedado intacto. Pero la realidad es que lo que había sido un régimen y gobierno independientes, en el sentido de que no obedecían ciegamente a las órdenes del imperialismo, dejaron de serlo por completo, y se convirtieron en títeres a las órdenes de los yanquis tanto en lo político como en lo económico.

Las medidas económicas e institucionales tomadas por el gobierno de transición o interino, que se suceden día a día, y las leyes votadas por la Asamblea Nacional venezolana (de mayoría “chavista”), en particular la reciente Ley de Hidrocarburos, junto a la liberación de presos y el proyecto de amnistía, entre otros, presenta un viraje decisivo en la conducción política y económica, que también podría considerarse una aceleración de los planes que Maduro intentaba aplicar sin resultado porque con él al frente del país aumentaban las sanciones económicas y las presiones políticas de las potencias imperialistas, que hoy Estados Unidos retira paulatinamente.

Trump y los funcionarios del gobierno norteamericano no escondieron que se establecían conversaciones con las autoridades de Venezuela, y se dejaba en evidencia la continuidad de una negociación abordada en los meses previos y en la que en algún tramo participó Maduro (hubo llamadas telefónicas reconocidas tanto por Trump como por Maduro). Las versiones son muchas en relación a si al interior del aparato de gobierno hubo traidores, pero hasta acá, a pocas semanas de haberse cumplido un mes de la agresión, las relaciones de obediencia de los hermanos Rodríguez con el gobierno de Estados Unidos no presentaron fisuras ni contradicciones mayores.

Lo inesperado de los sucesos del 3 de enero es en primer lugar la poca reacción defensiva de parte del régimen venezolano. El factor sorpresa y el uso del sistema de guerra electrónica allanaron el camino para la captura de Maduro y su esposa, aunque no impidieran una retirada peligrosa, que los obligó a sortear un intenso tiroteo. Pero tanto el despliegue militar naval previo como las negociaciones hicieron el resto y dejaron claro que para ambos contendientes (el actual régimen y gobierno venezolanos y el gobierno de Trump) en los primeros días de 2026 y sin Maduro, se terminaba una etapa de la escalada contra el país y la región. El régimen bolivariano no se preparó para la guerra sino para una etapa de gobierno bajo la tutela directa de Estados Unidos. La resistencia social se fue diluyendo con el paso de los días, aunque continuaron algunas movilizaciones organizadas por chavistas en reclamo de la libertad de Maduro y su regreso al país.

En segundo lugar, fue inesperada la decisión de Trump de sostener al actual régimen “chavista” como interlocutor en la negociación y ejecución de los planes imperialistas, cerrando a la oposición el camino directo para reemplazar al chavismo en el gobierno del país. Tanto Corina Machado, que se daba por triunfadora de la última elección de 2024, como los otros sectores antichavistas de la burguesía venezolana quedaron en stand bay.

Desde el 3 de enero todo cambió, las visitas de altos funcionarios del gobierno de Trump a Venezuela se suceden una tras otra junto a las nuevas leyes y medidas dictadas por el imperialismo:

El secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, visitó Venezuela cuando había pasado apenas un mes de la captura de Maduro, durante su estadía recorrió junto a “la presidenta encargada” Delcy Rodríguez uno de los campos petroleros operado por Chevron. En esa instancia, Rodríguez fue consultada por Stefano Pozzebon periodista de la CNN, sobre sus impresiones del visitante, y ella respondió “que ambos países estaban trabajando sin descanso para cimentar una nueva sociedad energética que, espera, será a largo plazo’”. El mismo reportero observó en el comentario de Delcy “un gran cambio para una mujer que en 2019 dijo que “el capitalismo es incapaz de generar felicidad”.

En los últimos días de febrero, el Jefe del Comando Sur de EE.UU., Francis Donovan encabezó una delegación que viajó Venezuela para evaluar “el plan de tres fases” del presidente Trump. Las tres fases serían la de estabilización del país y “restauración de la seguridad”, la recuperación de la economía y una “transición” a una “Venezuela amigable, estable, prospera y democrática”. El ministro de Comunicación venezolano, Miguel Ángel Pérez Pirela, publicó en X que “ambos países acordaron trabajar en el diseño de una agenda de cooperación bilateral para la lucha contra el tráfico de sustancias ilícitas”, así como para abordar juntos la migración,

 


La derrota de la Venezuela independiente ayuda a Trump a aumentar sus amenazas, represalias, sanciones y acciones militares contra otros países del mundo

 

Esta agresión militar para terminar con un gobierno soberano y un régimen que había nacido bajo la bandera de la independencia económica y política del imperialismo, podría considerarse ejemplificadora para los líderes que defienden cierta autonomía política en la región. Ni México ni Brasil se arrodillaron ante el amo del norte; cuestionaron duramente el ataque, pero hasta el momento no avanzaron en acuerdos que impliquen un freno a la incursión pirata norteamericana en la región. México y también Rusia plantean continuar con el apoyo (humanitario y combustible) a Cuba, bajo la amenaza de Trump de retomar la guerra arancelaria. El país liderado por el castrismo ya atraviesa una crisis energética extrema que deja sin combustible los aviones, paraliza la industria turística (y la entrada de divisas) y dificulta la existencia de los habitantes de la isla.

Está claro también que este ataque a Venezuela es un signo de la decadencia norteamericana, una decadencia que tiene costos sociales en el país, que Trump pretende solventar haciéndoles pagar a sus países fronterizos (Canadá y México), a Panamá y a los países del Caribe y de América del Sur. Pero la decadencia de una potencia no la convierte en más pacífica sino en todo lo contrario, cada vez más agresiva.

Es una realidad que existe un repliegue de Estados Unidos forzado por la acumulación de derrotas político-militares en Medio Oriente (el fracaso del intento de imponer un virrey yanqui en Irak y el triunfo de los Talibanes en Afganistán), por la crisis crónica de una economía financiera parasitaria y rentística, por la pérdida de hegemonía mundial en una creciente rivalidad con China (no solo fortalecida por desarrollo industrial y una economía en crecimiento, también por la alianza con Rusia). La guerra emprendida por Putin en Ucrania contra la OTAN, que inició como una operación militar especial pero ya se ha prolongado cuatro años, reforzó la alianza china-rusa, se convirtió en un foco de atracción para otra economía de gran escala como la India, acercó a Corea del Norte, que apoyó con soldados el lado ruso de la guerra sin perder alianzas previas que mantenía con Irán y Venezuela, etcétera. Mientras tanto, la Unión Europea reforzaba su campaña antirrusa y sus lazos con los Estados Unidos (no solo por su interdependencia económica) sino también para sostener el liderazgo del servil Zelenski, que no podría continuar al frente del gobierno de Ucrania sin el apoyo de la UE.

La euforia de los trumpistas después de la captura de Maduro, se expresó en las declaraciones amenazantes que preveen castigar con mayor dureza a los regímenes de Cuba e Irán.

 


Algunas conclusiones

 

Antecedentes

El Caracazo. La producción petrolera, con precios altos en el mercado, le habían dado a Venezuela estabilidad económica y política. Cuando cambiaron esas condiciones bajo el gobierno de Carlos Andrés Pérez se intentó aplicar un plan económico de austeridad que implicaba, además, fuertes aumentos en los combustibles. Esto provocó que en febrero de 1989 estallaran acciones de masas obreras y populares urbanas con epicentro en Caracas, que se extendieron a otras ciudades hasta mediados de marzo. Movilizaciones que pasaron por encima a la policía y la represión contra trabajadores y universitarios, obligaron al toque de queda y a la intervención del Ejército con un saldo indeterminado de muertos entre los manifestantes (se habló de más de 300 y hasta de miles). Desde el estallido se abrió una grieta en el régimen burgués de aguda crisis política, social, económica e institucional que llevó al triunfo electoral de Hugo Chávez en 1998, y al inicio del camino del chavismo.

 

El chavismo

La lucha de clases definió el camino. El llamado Caracazo fue el inicio, los trabajadores no abandonaron la pelea; todo lo contrario, recién con el triunfo electoral de 1998 y el gobierno de Hugo Chávez, que debió aceptar la prioridad de los reclamos populares, se abrió un período de estabilidad social. Sin esto no se hubieran podido recomponer las instituciones del Estado, en particular la unidad de las Fuerzas Armadas. No hubo ruptura total con la burguesía, a pesar de que Hugo Chávez impulsó expropiaciones y nacionalizó sectores estratégicos para la economía nacional. En 1999 se aprobó una nueva Constitución. Se crearon consejos comunales y se implementaron programas sociales para facilitar el acceso a la educación, la salud y la vivienda. Chávez formó alianzas políticas y electorales con los partidos de izquierda y organizaciones sociales y sindicales. Privilegió su relación con Fidel Castro y el régimen cubano. Se opuso al ALCA (desde Alaska a Tierra del Fuego) con Estados Unidos, e impulsó acuerdos a nivel regional, prestó ayuda financiera a la Argentina después de la crisis de 2001 y a los países del Caribe. Hugo Chávez murió en 2013.

La acción de masas impuso un tipo de gobierno y de régimen que amplió la participación política popular, el crecimiento de la masa salarial, y redireccionó las ganancias petroleras hacia el aumento de beneficios para los sectores más vulnerables. En esa línea se impulsaron acuerdos con países sancionados por el imperialismo, como Cuba; una alianza donde se intercambió combustible, servicios de salud, de inteligencia militar, etcétera. El régimen liderado por Hugo Chávez enfrentó los intentos de golpe y de desestabilización exitosamente, pero las campañas y los intentos de acabar con él impulsados por la oposición burguesa y servil a los intereses de Estados Unidos y de los países de la Unión Europea, no cesaron y recrudecieron después de su muerte.

Con la desaparición de Hugo Chávez, estaba claro que el régimen recibía un golpe importante. No por casualidad existe una teoría que sostiene que su enfermedad, el cáncer que precipitó su muerte, podría haber sido inducido por sus enemigos. Su vicepresidente Nicolás Maduro fue el sucesor sugerido por Hugo Chávez meses antes de su fallecimiento.

En 2026, Nicolás Maduro estaba cumpliendo el tercer mandato como presidente.

 

El régimen chavista bajo el gobierno de Nicolás Maduro

En 2014, el precio del petróleo sufría una importante caída pasando de 100 dólares a menos de 40 por barril por el auge del shale, y ya había sufrido una baja significativa (32 dólares) en 2008 debido a la crisis financiera y después de alcanzar un máximo histórico. En resumen, desde 2014:

1.      Se iniciaron las sanciones contra la economía nacional y contra el patrimonio de los funcionarios del gobierno venezolano, aplicadas por Estados Unidos y países de la Unión Europea. Trump en 2017 las amplió a empresas de los sectores clave como el petróleo, el oro y la minería. Dejaron al país exhausto, empeoraron las condiciones de vida. La mayor ola migratoria se dio a partir de ese año, por la vía terrestre, hacia países vecinos.

2.      Nicolás Maduro y la Asamblea Nacional (con mayoría chavista) continuaron con medidas antiobreras, un plan de ajuste, intervención monetaria y privatizaciones. La Reforma Laboral con el memorando 2792, emitido en 2018, transformaron en bonos a la mayoría de los ingresos salariales de la clase trabajadora, con pago en bolívares y los bonos en divisas. El pago en bonos rigió tanto para los trabajadores del sector privado como para los obreros petroleros. También intervinieron en la autonomía de la organización sindical. A la vez, se aplicó una política de desalojo y entrega de tierras a viejos y nuevos terratenientes, junto a eliminar los planes de apoyo a los proyectos productivos de los pequeños campesinos.

3.      A partir de 2021, se iniciaron negociaciones con organizaciones empresariales tradicionales como Fedecámaras y Conindustria para acordar la repartición de empresas y activos estatales en un proceso de privatización, en el marco de la apertura de conversaciones con el gobierno de Joe Biden y la Unión Europea.

4.      Delcy Rodríguez como vicepresidenta impulsó medidas para rescatar la economía de una situación insostenible por los niveles de inflación descontrolada, fogoneada por el bloqueo y las sanciones. La fuente de divisas para el país continuó siendo el petróleo y, con Chevron triangulando la venta, el mayor comprador de petróleo venezolano fue Estados Unidos a pesar de las sanciones. Ese lugar lo ocupó China recién después de las elecciones de 2024. La política financiera de Delcy, llamada dolarización “endógena”, o encubierta, era un mecanismo de emisión cero (secar la economía de bolívares), dólar barato, eliminación paulatina de los controles de precio y de cambio, con el objetivo de frenar abruptamente la espiral inflacionaria; todo al servicio de estabilizar la economía en vísperas del proceso electoral de 2024.

5.      La relación entre China y Venezuela, consolidada en 2023 como una “asociación estratégica a toda prueba y todo tiempo”, permitió al país exportar hidrocarburos y minerales a pesar de las sanciones. En igual sentido, las relaciones con Irán lo ayudaron con combustible y refacciones en las refinerías, que Venezuela financió enviando oro. La relación con Rusia, consolidada en los tiempos del gobierno de Hugo Chavez, permitió al país fortalecer su sistema de defensa militar y de seguridad (adquirió armamento, aviones y embarcaciones), además de recibir los fertilizantes, el trigo y los medicamentos rusos.

 

Está claro que desde 2014 el proyecto chavista perdió apoyo de sectores de trabajadores beneficiados en los primeros años del mandato. El antiimperialismo y el “Socialismo del siglo XXI” fueron banderas defendidas por el régimen hasta el último día, pero en la base obrera y popular la adhesión se debilitó, y mucho más después de la migración masiva y del aumento de métodos represivos. Las libertades de crítica y democráticas en general se fueron restringiendo en forma paralela a los ataques internos y externos de la oposición servil y agente del imperialismo.

 

Una política al servicio del capital

Ante los ataques y campañas de la oposición, las sanciones y las amenazas imperialistas, el régimen bolivariano tomó el camino contrario a la defensa de la democracia obrera. En vez de ampliar los derechos democráticos a la clase obrera, de impulsar la participación, la organización sindical y la autodefensa de trabajadores industriales y campesinos, en síntesis para preparar la lucha; en su lugar aumentó las concesiones a los explotadores de Fedecámaras y Conindustria, abrió la negociación con Estados Unidos y con los gobiernos imperialistas europeos, cediendo a estas presiones. El gobierno de Maduro, se separó de su base popular, aumentó el control burocrático y buscó en las Fuerzas Armadas y en la policía su base de apoyo para negociar con el imperialismo.

Los militares chavistas recibieron privilegios de todo tipo y llegaron a dirigir 14 ministerios. El coronel Pedro Tellechea como presidente de PDVSA, sumó el cargo de ministro de Hidrocarburos. Esta última designación al frente del ministerio en 2023 fue consecuencia de los casos de corrupción que afectaron a la industria y a la empresa. Se consideraba que el generalato intervenía en todo tipo de negocios financieros y económicos. La actuación de las Fuerzas Armadas durante el ataque del 3 de enero se podrá evaluar en el futuro; por ahora siembra dudas el hecho de que, más allá de la eficaz guerra electrónica implementada para la captura de Maduro (que sorprendentemente estaba protegido por militares cubanos), el ataque no haya provocado ni daños materiales de consideración ni víctimas en los atacantes.

 

El imperialismo

El imperialismo tiene siglos de historia y experiencia de dominación, y capital suficiente para corromper funcionarios, ofrecer grandes negocios a los sectores burocráticos, funcionarios del estado, que se transforman con facilidad de agentes indirectos a directos del imperialismo. También en penetrar en el país a través de inversiones financieras y préstamos, bajo la tutela de organismos como el FMI, el Banco Mundial, o de empresas, como Chevron, que nunca se fue de Venezuela.

El petróleo venezolano y PDVSA han sido actores fundamentales de la historia del país. Con Hugo Chávez hubo cambios importantes en la administración de la empresa, cerca del 30% de la plantilla laboral fue desplazada (después de un intento de desestabilizar su gobierno), renegoció los contratos con las empresas extranjeras, lo cual derivó en más nacionalizaciones, y que empresas como ExxonMobil y otra estadounidense no aceptaran los términos del chavismo y se fueran del país. Intentó que los recursos clave, incluidos los minerales, los controlara el estado para que los beneficios extraídos de su comercialización aumentaran la masa salarial y la independencia del país.

Con el ataque 3 de enero la renta petrolera venezolana cambió de dueño, se allanó el camino de Estados Unidos para controlar el petróleo venezolano, para cubrir su demanda interna de combustibles, para ganar fuerza en el mercado energético global y fundamentalmente para someter políticamente a este país. Aunque Delcy Rodríguez reciba parte de los dividendos de la venta del petróleo venezolano de manos de Trump y anuncie que esos dólares están dirigidos a aumentar los salarios, no revierte la dinámica a un sometimiento cada vez mayor.

Estados Unidos también logró una barrera objetiva contra China, al limitar su posibilidad de acceso a los recursos y al negocio financiero venezolano.

Con la nueva ley de Hidrocarburos votada por la Asamblea Nacional para facilitar la entrada de inversiones extranjeras (en particular yanquis) y para la privatización, tanto el futuro de PDVSA como de los negocios de los militares constituyen una incógnita.

 

La revolución bolivariana de Hugo Chávez

En Venezuela a partir de 1999 se abrió un proceso con una dinámica a favor de los intereses de la clase obrera, de concesiones económicas y sociales a los trabajadores urbanos y rurales, que lograron mejores condiciones de vida. Se caminó hacia la democracia obrera en lo sindical, político y barrial. Se impulsó la organización para la autodefensa. Se facilitó la libertad de crítica y de organización política, lo cual dio origen a la formación de un gran número de partidos y de alianzas electorales de trabajadores. Se controló el flujo del capital financiero imperialista y no se siguieron los “consejos” de sus organismos como el FMI o el Banco Mundial. Hugo Chávez comenzó a difundir la idea de un proyecto no solo soberano también socialista. Nacionalizó los recursos clave, el petróleo y la minería. Repartió la tierra entre los pequeños campesinos. En la Cuarta Cumbre de las Américas (2005) se rechazó el ALCA, el acuerdo de libre comercio propuesto por Estados Unidos a la región, por una amplia oposición liderada por Chávez y los países del Mercosur.

Aunque Chávez había comenzado el camino de la expropiación de empresas, bajo su gobierno no se rompió con la burguesía, el agente imperialista dentro de las fronteras y dueña de los medios de producción y del capital. Chávez trabajó en la unidad de las Fuerzas Armadas en un proyecto de independencia nacional, y así fortaleció la institución fundamental del estado burgués, aunque también en ese aspecto utilizó una política alternativa, al impulsar la organización de milicias.

A partir de la desaparición de Chávez, el régimen bajo el liderazgo de Maduro dio un viraje profundo en sentido de conceder cada vez más a las presiones imperialistas y de la burguesía. A pesar de resistir varios golpes desestabilizadores, ceder al imperialismo actuó como una gangrena que terminó con la amputación del presidente y la pérdida de toda independencia por parte de Venezuela.

 

Una posición clasista o, como mínimo, democrático-antiimperialsta no debería moverse ni un milímetro de la defensa incondicional de Venezuela, tanto bajo la presidencia de Hugo Chávez como de Nicolás Maduro, ante agresiones e intervenciones (en los procesos electorales y gobiernos impuestos desde afuera) imperialistas extranjeras, defendiendo la independencia del país contra potencias como Estados Unidos, España, Noruega o cualquier potencia de la Unión Europea. Prioriza la necesidad de defender el país de la dominación extranjera por encima de la lucha por la democracia y de cambio de régimen político. Esto no implica renunciar a la crítica o dejar de señalar las diferencias con las políticas implementadas por los líderes del régimen bolivariano.



[1] De ahí que en estos últimos meses el gobierno de Trump esté forjando cada vez más alianzas financieras con aquellas corporaciones dedicadas a la extracción y procesamiento de los minerales críticos: el caso más evidente es el de la MP Materials, de la que el Pentágono se convirtió en accionista mayoritario luego de invertir en esta empresa más de 400 millones de dólares.

Venezuela, además, está en la mira de otras compañías mineras especializadas en este tipo de recursos como USA Rare Earth, Cove Capital, Critical Metal, junto con dos startups en rápida expansión: ReElement y Vulcan Elements, esta última directamente ligada a Don Trump Jr.

Recientemente, Joshua Ballard, director ejecutivo de USA Rare Earth, lo expresaría sin ambigüedades: “Este es el momento del Proyecto Manhattan para las tierras raras”. Una analogía extraña, preocupante y, al fin y al cabo, también inquietante, en el que la producción de la bomba atómica para poder fin a la Segunda Guerra Mundial sería equiparable al momento actual en el que Estados Unidos podría encarar una arremetida bélica directa contra Venezuela.

Daniel Kersffeld

Investigador CONICET - Universidad Torcuato di Tella.

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