LOS TEMAS DEL INDIO SOLARI CONVERTIDOS EN HIMNOS CONTRA LA CRUELDAD PLANIFICADA

El legado del líder de las bandas Patricio Rey y los Redonditos de Ricota y Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado


Más de un millón de personas caminaron varios kilómetros hacia el velatorio del Indio Solari en Villa Domínico, Avellaneda. Esa ciudad fue emblema de las gestas obreras a comienzos del siglo XX y cuna de la resistencia peronista tras el golpe de 1955

El viernes 5 de junio se produjo la muerte del líder de la banda que mejor interpretó las tribus de jóvenes rockeros; de sus canciones nació un lenguaje común, con el cual se identificaron varias generaciones. A medida que la noticia de su muerte se transmitía y cubría las pantallas y los encabezados de los medios, se extendían las convocatorias de “misas” ricoteras en las plazas de toda la Argentina y se multiplicaban los mensajes en las redes sociales, los homenajes multitudinarios en recitales mientras la música de los “Redonditos” explotaba en todos los rincones de ciudades, fábricas, transporte público, ferias callejeras.

Los ricoteros le rindieron un homenaje histórico. Transformaron el dolor en fuerza humana y solidaria. Fue su forma de pelear contra el afán de lucro y las lacras del capitalismo. Y por esa razón también, su repertorio de temas se elevó en un himno de combate contra el odio de clase de la patronal y el gobierno de Milei.

El Indio puede descansar tranquilo. Su partida fue el cemento que unió las voces rotas. Llegó en un momento de orfandad para el pueblo trabajador: sin dirección política, sin organización. Pero también abrió una grieta. Mostró que abajo hay poder suficiente para sacar a este gobierno.

Con la enfermedad encima y despidiéndose de este mundo, el Indio fue el compañero que no falla. El que aconseja. El padre de millones. Trabajó a conciencia porque nunca hizo arte de espaldas a la realidad: la discriminación, las fábricas que explotan, un país entregado al capital. Vio una Justicia que proscribe a Cristina Kirchner de por vida. Proscribirla es callar a millones. Él gritó contra esa barbarie. Contra todas.


El Indio acompañó a sus fieles seguidores en multitudinarios recitales y en sus canciones vinculadas a los grandes hechos políticos que golpearon a la sociedad tanto en el país como en el mundo. En “Oktubre”, su segundo disco, de 1986, el Indio hizo explícita su voluntad de combate por una revolución socialista como la del Octubre ruso en todo el mundo, en la canción “Fuegos de Octubre”, con esta letra con el marco de fondo del fragor de un combate:

De regreso a octubre
Desde octubre
Sin un estandarte
De mi parte
Te prefiero igual
Internacional


Mucho tiempo transcurrió desde esos comienzos hasta la última misa ricotera, que fue una demostración de fuerza de los de abajo, a los que el Indio escuchó y rindió tributo en sus recitales a lo largo de su carrera.

El cimiento, que sostuvo esta demostración genuina y entusiasta de gratitud hacia la música ricotera y su creador, está en condiciones de soportar el coraje moral y físico necesarios para enfrentar las derrotas, pero también y lo más importante, las más duras batallas que están por delante.

La muerte del Indio Solari versus el gobierno de Javier Milei



En el gobierno de Milei, el Poder Judicial y el Congreso legalizan un plan económico hecho para el gran capital imperialista y los grupos monopólicos nacionales, que además no querían más a un kirchneristas en el poder.

Es una Argentina donde los hipócritas conscientes intelectual y políticamente sostienen y defienden la mentira de que el Estado es garantía para la libertad, que tiene la misión de defender los intereses de todos. ¡Gran error o gran mentira!

En este país dependiente llegó a la presidencia un cipayo como Milei por el dinero del capital financiero, con el símbolo de la motosierra para liquidar las expresiones de toda voluntad nacional, para sentar a la mesa, donde se reparte la torta de riqueza, a un pequeño selecto círculo de la oligarquía financiera, minera, petrolera y agropecuaria.

Milei ofreció un banquete de negocios para pocos, mientras gritó a los cuatro vientos que la causa de todos los males es el haber creado el mito, y peor todavía, financiado un Estado benefactor, según él, con la plata de los megarricos. Sin embargo, la aristocracia y los nuevos supermillonarios, con las medidas de Milei, expropiaron los ingresos, en apenas dos años, de la mayoría de la población trabajadora, hoy sin salarios que cubran su subsistencia y la de su familia.

La mayor recaudación de impuestos se obtiene del IVA, el tributo más injusto de todos. El principal destino de los fondos es el pago de la deuda externa fraudulenta. Con Milei, los grupos económicos, que más lucran con los negocios que ofrece el gobierno, pretenden, por medio de las nuevas leyes tributarias y laborales, eludir el costo de una deuda impagable.

Milei grita que hay que destruir el Estado. Macri, Bullrich, Sturzenegger, los Caputo y los Menem lo usan igual: como máquina del capital para controlar y reprimir a las masas.

¿La Justicia? Afín. Sirve para castigar opositores. El macrismo empezó antes: causas, cárceles para exfuncionarios K, sindicalistas y referentes sociales. A CFK —la dirigente más fuerte del campo popular— la persiguen hace años.

Es miedo. Un mensaje para que nadie se organice en política, en el sindicato o en el barrio.

Con Milei quedó al descubierto la dominación implacable y cínica del capital imperialista, la opresión y sojuzgamiento creciente sobre la mayor parte de la sociedad, la dictadura laboral y la desigualdad. Nada parecido se vivió desde la dictadura de 1976. Cualquier intento de la clase trabajadora por lograr mejoras efectivas de su situación provoca la reacción violenta de la represión.

Sin embargo, la trampa más sofisticada del Estado, que se cubre aún con el manto de las libertades democráticas está ubicada en el Congreso de la Nación y en los procesos electorales. En las últimas elecciones de medio término, Milei llenó de diputados y senadores afines el “Honorable Congreso” gracias al poder económico-militar de los Estados Unidos y del financiamiento oligárquico-patronal; solo así logró revertir la derrota electoral en la provincia de Buenos Aires, la de mayor concentración obrera del país.

La clase obrera advierte la necesidad de un enfrentamiento implacable con el capital. Los verdaderos dueños no están en el gobierno: quienes ocupan el poder son sus marionetas. Una banda dedicada a saquear lo más rápido posible.

El capital privado, que se vendía como garante del trabajo registrado y los derechos laborales, abandona la industria. Redirige inversiones hacia la especulación financiera, el extractivismo, el negocio inmobiliario y de tierras, la importación de bienes. O hacia la renta que dejan las privatizaciones de servicios: agua, energía, gas, rutas fluviales y ferrocarriles.

Se impone la "reconversión": maximizar beneficios en el menor tiempo, con menos carga impositiva y salarios a la baja. Todo legalizado por un entramado legislativo y financiero que protege la concentración.

La motosierra pertenece a los trabajadores, no a los parásitos financieros ni a los operadores de la mesa de dinero. Debe estar en manos de quienes construyen la riqueza del país: para terminar con la injusticia y con la mano negra de un sector económico cada vez más concentrado. Ese puñado se enriquece con el sacrificio de la mayoría trabajadora, con niños y ancianos que pasan hambre, con una juventud sin esperanza, con familias endeudadas para comer y conservar su techo.

La clase trabajadora tiene que tomar el Estado. Es la única forma de derrotar al capital y liquidar la explotación salvaje. Para tener paz hay que terminar con esta sociedad partida en dos. No son “grietas”: son intereses enemigos. Hay que cambiar cómo se produce y planificar la economía. Que alcance para los trabajadores y cuide la naturaleza. La paz llega con una sociedad sin clases, socialista. En un mundo que derrote al imperialismo. Ese hijo del capitalismo podrido, descompuesto.

Debe terminar el fraude de una sociedad igualitaria y humanitaria bajo un Estado capitalista. Ese Estado es defendido como la mejor opción por todo el arco político e intelectual. Dentro de este sistema rentístico y parasitario, el sufragio universal, el Congreso, la Asamblea Legislativa e incluso la Constituyente devienen formas vacías. No modifican la esencia del problema.

Sin enfrentar de lleno las trampas institucionales ni cambiar las reglas de este juego perverso —de supuestas libertades, justicia y democracia a las que accede solo el 5%—, marchamos de forma inexorable hacia mayores crisis. Hacia la fragmentación social, la violencia estatal y la ofensiva imperialista contra los trabajadores, el pueblo pobre y la soberanía nacional.

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