Las nacionalidades oprimidas y el derecho a la autodeterminación de los pueblos

Por: D.O.

A partir del triunfo de la Revolución de Octubre, el 3 de enero de 1918 el III Congreso de Soviets de toda Rusia proclamó la Declaración de los derechos del pueblo trabajador y explotado.

El tratamiento de las nacionalidades del nuevo Estado obrero contrastó desde el comienzo con el descompuesto afán de explotación, saqueo y opresión de los pueblos de todo el mundo característico del capitalismo imperialista:

1.- Al expresar su inquebrantable decisión de arrancar a la humanidad de las garras del capital financiero y del imperialismo, que han anegado en sangre la tierra en la guerra actual, la más criminal de todas, la Asamblea Constituyente se solidariza por entero con la política aplicada por el Poder de los Soviets, consistente en romper los tratados secretos, organizar la más extensa confraternización con los obreros y campesinos de los ejércitos actualmente en guerra y obtener, cueste lo que cueste, por procedimientos revolucionarios, una paz democrática entre los pueblos, sin anexiones ni contribuciones, sobre la base de la libre autodeterminación de las naciones.

2.- Con el mismo fin, la Asamblea Constituyente insiste en la completa ruptura con la bárbara política de la civilización burguesa, que basaba la prosperidad de los explotadores de unas pocas naciones elegidas en la esclavitud de centenares de millones de trabajadores en Asia, en las colonias en general y en los países pequeños.

La Asamblea Constituyente aplaude la política del Consejo de Comisarios del Pueblo, que ha proclamado la completa independencia de Finlandia, ha comenzado a retirar las tropas de Persia y ha anunciado la libertad de autodeterminación de Armenia[1].

No se trató simplemente de palabras. Cuando el 6 de diciembre de 1917 Finlandia tomó la decisión de declararse como un Estado soberano independiente, la posición del Gobierno Ruso Soviético, consignada en Decreto de 18 de diciembre de 1917 fue la siguiente:

El Soviet de Comisarios del Pueblo

Petrogrado

18 de diciembre de 1917

Como respuesta al llamamiento del Gobierno finlandés para reconocer la independencia de la República de Finlandia, el Soviet de Comisarios del Pueblo, de pleno acuerdo con el principio del derecho de las naciones a la libre autodeterminación, HA DECIDIDO:

Proponer al Comité Ejecutivo Central que:

a. Reconocer la independencia de la República de Finlandia como país, y

b. Instituir una Comisión especial, de acuerdo con el Gobierno finlandés, integrada por miembros de ambas partes, para elaborar las medidas prácticas que se derivan de la separación de Finlandia de Rusia.


El 22 de diciembre el Decreto resultó finalmente aprobado. La posición de la Rusia soviética inspiró, posteriormente, la Declaración de la Sección Primera de la Constitución de la Unión de Repúbicas Socialistas Soviéticas de 1923, que a su vez señaló:

Han resultado vanas las tentativas hechas durante decenios por el mundo capitalista para resolver la cuestión de las nacionalidades, porque trataban de hermanar el libre desarrollo de los pueblos con un sistema de explotación del hombre por el hombre (…) Únicamente en el campo de los Soviets, y sólo bajo la condición de dictadura del proletariado, que ha logrado agrupar a la mayoría de la población, se hace posible destruir la raíz de la opresión nacional, creando una atmósfera de mututa confianza, y echar los cimientos de una cooperación fraternal entre los pueblos. Sólo debido a estas circunstancias han logrado las Repúblicas soviéticas repeler los ataques de los imperialistas aoaligados del mundo entero, tanto en el interior como en el exterior. Por ellas han logrado dar término, con éxito, a la guerra civil, asegurar su existencia, y poder dedicarse a la obra de la reconstrucción económica.

Efectivamente, a partir del triunfo de la Revolución de Octubre sobre el zarismo y la contrarrevolución interna e imperialista, se lograron las condiciones para el pacto que dio lugar al nacimiento a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, que agrupó a las Repúblicas Socialistas de Ucrania, Bielorrusia, Transcaucasia, Azerbaijan, Georgia, Armenia, Turcomana y Usbekistan.

En el marco de la Unión Soviética, cada república federada mantuvo sus derechos soberanos, al punto que el Capítulo II de la Constitución garantizaba:

4. Cada República Federada se reserva el derecho de separarse libremente de la Unión.

5. Las Repúblicas Federadas podrán, dentro de los límites que establece la presente Constitución, reformar sus respectivas leyes fundamentales.

6. No podrá alterarse el territorio de las Repúblicas Federadas sin el consentimiento de éstas. Para la reforma, restricción o la derogación del artículo 4 será necesario el consentimiento de todas las Repúblicas Federadas.


Las acciones implementadas por el régimen soviético con la dirección del Partido Bolchevique, antes de la degeneración estalinista, fueron reflejo de las posiciones del internacionalismo y el socialismo revolucionario: un pueblo que oprime a otros pueblos no puede ser libre.

OTRAS CITAS PARA TENER EN CONSIDERACIÓN


Marx mismo lo decía y Lenin lo comenta:

Marx, teniendo en cuenta sobre todo los intereses de la lucha de clase del proletariado en los países avanzados, destacaba al primer plano el principio fundamental del internacionalismo y del socialismo: el pueblo que oprime a otros pueblos no puede ser libre”[2].

El proletariado no puede guardar silencio acerca de la cuestión particularmente desagradable para la burguesía imperialista, de las fronteras del Estado basado en la opresión nacional. El proletariado no puede dejar de luchar contra la retención violenta de las naciones oprimidas dentro de las fronteras de un Estado dado, y eso significa luchar por el derecho a la autodeterminación. El proletariado debe reivindicar la libertad de separación política para las colonias y naciones oprimidas por “su” nación. En caso contrario, el internacionalismo del proletariado quedará en un concepto huero y verbal; resultarán imposibles la confianza y la solidaridad de clase entre los obreros de la nación oprimida y los de la nación opresora; quedará sin desenmascarar la hipocresía de los defensores reformistas y kautskistas de la autodeterminación, que no hablan de las naciones oprimidas por “su propia” nación y retenidas la violencia en “su propio” Estado[3].

Ser enemigo de las anexiones significa estar en favor del derecho de autodeterminación: Estar contra la retención violenta de cualquier nación dentro de las fronteras de un Estado dado… es lo mismo que estar en favor de la autodeterminación de las naciones”[4].

Precisamente en la “era del imperialismo” que es la era de la incipiente revolución social, el proletariado apoyará hoy con particular energía la insurrección de las regiones anexionadas, a fin de atacar mañana, o al mismo tiempo, a la burguesía de la “gran” potencia, debilitada por esa insurrección[5].

Las anexiones “abren un abismo entre el proletariado de la nación dominante y el de la nación oprimida…” (…) “el proletariado de la nación oprimida se unirá a su burguesía y verá un enemigo en el proletariado de la nación dominante. La lucha de clases internacional del proletariado contra la burguesía internacional sería substituida por la escisión del proletariado, por su corrupción ideológica[6].

Para ser socialdemócrata internacionalista hay que pensar no sólo en la propia nación, sino colocar por encima de ella los intereses de todas las naciones, la libertad y la igualdad de derechos de todas. “Teóricamente”, todos están de acuerdo con estos principios; pero, en la práctica, revelan precisamente una indiferencia anexionista. Ahí está la raíz del mal[7].

Destruyendo las lenguas nacionales y las civilizaciones nacionales, los imperialistas buscan socavar el potencial de resistencia de los pueblos colonizados. Quieren hacer desaparecer en ellos la voluntad de liberación[8].

EL DERECHO DE LAS NACIONES A LA AUTODETERMINACIÓN 

En relación al derecho a la autodeterminación de las naciones, escribió Lenin:

Por consiguiente, si queremos entender lo que significa la autodeterminación de las naciones, sin jugar a definiciones jurídicas ni "inventar" definiciones abstractas, sino examinando las condiciones históricas y económicas de los movimientos nacionales, llegaremos inevitablemente a la conclusión siguiente: Por autodeterminación de las naciones se entiende su separación estatal de las colectividades de otra nación, se entiende la formación de un Estado nacional independiente.

Más abajo veremos aún otras razones por las que sería erróneo entender por derecho a la autodeterminación todo lo que no sea el derecho a una existencia estatal independiente. Pero ahora debemos detenernos a analizar cómo ha intentado Rosa Luxemburgo "deshacerse" de la inevitable conclusión sobre las profundas bases económicas en que descansan las tendencias a la formación de Estados nacionales.

(…) Desde el punto de vista de la teoría del marxismo en general, el problema del derecho a la autodeterminación no presenta dificultades. En serio no se puede ni hablar de poner en duda el acuerdo de Londres de 1896, ni de que por autodeterminación se entiende únicamente el derecho a la separación, ni de que la formación de Estados nacionales independientes es una tendencia de todas las revoluciones democráticas burguesas.

Hasta cierto punto, crea la dificultad el hecho de que en Rusia luchan y deben luchar juntos el proletariado de las naciones oprimidas y el proletariado de la nación opresora. La tarea consiste en salvaguardar la unidad de la lucha de clase del proletariado por el socialismo, repeler todas las influencias burguesas y ultrarreaccionarias del nacionalismo. Entre las naciones oprimidas, la separación del proletariado en un partido independiente conduce a veces a una lucha tan encarnizada contra el nacionalismo de la nación de que se trata que se deforma la perspectiva y se olvida el nacionalismo de la nación opresora.

(…) El singular espíritu reaccionario de los Purishkévich rusos engendrará (e intensificará) a la vez tendencias "separatistas" en unas u otras naciones oprimidas, que a veces gozan de una libertad mucho mayor en los Estados vecinos.

Semejante estado de cosas plantea al proletariado de Rusia una tarea doble, o mejor dicho, bilateral: luchar contra todo nacionalismo y, en primer término, contra el nacionalismo ruso; reconocer no sólo la completa igualdad de derechos de todas las naciones en general, sino también la igualdad de derechos respecto a la edificación estatal, es decir, el derecho de las naciones a la autodeterminación, a la separación; y, al mismo tiempo y precisamente en interés del éxito en la lucha contra toda clase de nacionalismos de todas las naciones, propugnar la unidad de la lucha proletaria y de las organizaciones proletarias, su más íntima fusión en una comunidad internacional, a despecho de las tendencias burguesas al aislamiento nacional.

Completa igualdad de derechos de las naciones; derecho de autodeterminación de las naciones; fusión de los obreros de todas las naciones; tal es el programa nacional que enseña a los obreros el marxismo, que enseña la experiencia del mundo entero y la experiencia de Rusia.

[1] Lenin. V. I. Declaración de los derechos del pueblo trabajador y explotado. 1918.
[2] Lenin. V. I. Obras completas. t XXII, p. 162.
[3] Lenin, V.I. Obras Completas. t XXI, p. 160.
[4] Lenin, V. I. Obras completas. t. XXII, p. 353.
[5] Ibídem, pág. 357.
[6] Ibídem, pág. 361.
[7] Ibídem, pág. 373.
[8] Leonidow, F. Racismo. Arma ideológica del Imperialismo, pág. 23.
[9] Lenin. V. I. El derecho de las naciones a la autodeterminación. 1914.


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